Bueno, por fin ha llegado el día de nuestra escapada anual. Este año tras mucho dudar destinos, terminamos decidiéndonos por hacer una ruta por Italia.

Salimos del trabajo a toda prisa y antes de la hora porque el avión sale a las 4 menos 10. A la carrera recojo a María de su curro y a casa a prepararnos un bocata y coger la maleta. Esperamos a mi padre, benditos abuelos que además de taxistas se ofrecen de canguros durante 10 días, ¡gracias mil!

Marchamos al aeropuerto, donde sin problemas embarcamos y sobre las 6 llegamos a territorio romano, al aeropuerto de Fiumicino… Cogemos un tren que nos saca 14 pavos por barba para acercarnos al centro a la estación de Termini (que encima se nos escapa por los pelos) y de ahí caminando al hotel que esta a tres calles. El hotel Corona… Bueno, supongo que los hoteles de roma son así… Ejem… No se si es el cansancio del día, pero parece que las 3 estrellas son ninja jejeje.

Rápido nos vamos a dar una vuelta a tomar una cerveza en una terraza, y luego cenar. Por cierto, el tiempo nos ha sorprendido para bien, porque en Roma estaban en alerta roja por lluvias, pero hace tan bueno que podemos salir en mangas de camisa… En la terraza pudimos conectarnos a Internet para planificar un free tour para mañana y saber algo de las niñas… Luego el restaurante nos ha gustado mucho, al lado del hotel, llamado La Locanda, donde hemos cenado una pasta casera estupenda.

Y nada más, así que nos vamos a descansar para mañana conocer Roma por fin.

Bueno, pues hoy acaba nuestra escapada de 4 días, pero nuestro avión no sale hasta las 4 de la tarde así que tenemos toda la mañana para aprovechar y ver el museo de Pérgamo.

Tras nuestro desayuno, devolvemos las llaves al hotel y les dejamos las maletas a recaudo, para no tener preocupaciones hasta la hora de ir al aeropuerto. Vamos a coger el metro pero parece que va con mucho retraso, así que nos vamos paseando hasta la isla de los museos.

Entramos en el museo del Pérgamo, cuesta 12 euros incluyendo al audioguía en castellano. Dejamos los abrigos en una taquilla, y pasamos para admirar varias maravillas arqueológicas:

Una reconstrucción de la puerta de la ciudad babilónica de Istar, y la avenida procesional de la ciudad.

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La puerta del mercado romano de Mileto,

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Y sobre todo, el altar de Zeus de la ciudad de Pérgamo.

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Es impresionante las reconstrucciones que han logrado montar dentro del museo, no se si en las fotografías se puede apreciar las dimensiones de estos monumentos, pero desde luego nos ha dejado alucinados. Ha merecido mucho la pena.

Finalmente, no hay mucho más que contar, vamos a Alexanderplatz para tomar el metro para ir a por las maletas al hotel, y una vez de vuelta en Alexanderplatz con el macuto, tomamos el tren RE7 que nos deja en unos 20 minutos en el aeropuerto. En la espera al tren aprovecho para probar un poco más de fast food berlinesa, un Frikadellen, que es una especie de filete ruso gordo con ketchup y patatas fritas. Muy rico.

Y ya está, se acabó el viaje. Y aquí estoy en el avión de vuelta recordando todo el día para actualizar el blog en cuanto llegue a casa.

La verdad es que me ha gustado Berlín, quizás no sea una de mis capitales preferidas, pero tiene su encanto.

La comida, sinceramente no hemos comido muy bien que se diga, quizás por las prisas, pero la comida alemana nos ha resultado grasienta y pesada. Los berlineses nos han resultado acogedores, nunca nos hemos encontrado ningún problema, todo lo contrario, son atentos y siempre con buena cara.

Al pagar, hay que dejar entre un 5% y un 10% de propina. Es de mala educación dejarla en la mesa después de pagar, mejor decirle al camarero cuanto le vais a pagar en total. Se ponen muy contentos cuando lo haces. Y efectivo, manejan poco las tarjetas de crédito / débito.

Hay que decir que con la Berlin Welcome Card no nos han hecho ningún tipo de descuento en el museo, se suponía que esta tarjeta incluía un 50% de descuento pero la mujer que nos ha vendido los ticket nos ha dicho que no, al parecer hay otro Berlin Welcome Card que si que incluye la entrada a los museos. Quizás hubiera sido suficiente comprar la Berlin City Tour Card, con la que te ahorras un par de euros.

Berlín nos ha parecido una ciudad muy oscura, al menos su centro. Es una ciudad muy poco iluminada, llama la atención al hacerse de noche tan pronto en invierno, pero en muchas calles del centro vas en una penumbra en la que no se ve apenas. Afortunadamente en ningún momento se siente uno amenazado, no hay nadie por las calles cuando cae la noche.

Para mi, cuatro noches se me han hecho pocas para visitar todo lo que me hubiera gustado, nos han quedado muchas cosas por visitar, y solo hemos visitado un museo de todos los que se pueden ver. Quizás un par de días más hubieran sido ideales, aunque si sólo quieres ver el centro y poco más, con dos o tres días valen.

Ahora, a esperar que pase el viaje para ver a nuestras nenas y achucharlas.

Hasta el próximo viaje!!!!

Aunque habíamos planeado levantarnos pronto para aprovechar el día, al final la pereza ha hecho que no nos levantemos casi hasta las 9, estábamos un poco cansados de toda la caminata de ayer. Tras desayunar uno de estos desayunos continentales tan ricos en el Anglaterre, nos montamos en el metro para llegar a nuestro destino: Potsdam, que nos han recomendado encarecidamente muchos amigos y familia.

De modo que montamos en el metro hasta Zoologischer Garten, donde tomamos un tren regional (RE1), que llega a Potsdam en unos 25 minutos aproximadamente. Nos bajamos en la estación Potsdam Park Sanssouci, que está cerca del Nuevo Palacio. Aquí podemos contemplar el Neue Palais, el último palacio construido en Potsdam, encargado por Federico el Grande a mediados del siglo XVIII.

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Como nuestro objetivo es el Sanssouci Schloss, tras contemplarlo decidimos continuar, tomamos el Park Sanssouci paseando por el kilómetro largo que dura este parque-bosque, y contemplando los palacetes construidos alrededor del parque. Mención especial al palacete Chinesisches Haus o Casa China, un pequeño palacete construido en el siglo XVIII porque al parecer la cultura oriental estaba muy de moda por entonces. Se empleaba para diferentes recepciones.

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Finalmente, tras una pequeña duda, llegamos al invernadero del palacio, un impresionante gradería de emparrados y una escalinata enorme que da acceso al Schloss Sanssouci.

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Aunque la mala suerte es que tenemos que esperar más de una hora para poder visitarla, y como por la tarde tenemos previsto ver el museo del Pergamo en Berlín, decidimos simplemente contemplarlo por fuera.

Tomamos el autobús que nos acerca al centro de Potsdam, para comer un shawarma rápido (por cierto, muy rico el bocadillo, fue algo rápido que no ligero jejeje), y de nuevo al autobús para ir a la estación de tren. Inexplicablemente tomamos el autobús en dirección contraria y tenemos que bajarnos corriendo y coger el autobús en dirección contraria porque no llegamos a la hora al tren!

De vuelta a Berlín, llegamos a la estación de Fiedrichstrasse, donde nos bajamos para llegar caminando a la Museumsinsel o Isla de los Museos, donde podemos ver de cerca el Berliner Dom y visitar un mercadillo.

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Pero la verdad es que hay demasiada gente, aquí y en el museo del Pérgamo, que hay una cola impresionante, y teniendo en cuenta que el museo cierra a las 6 de la tarde y son las 4 y media y hay mucha cola para entrar, decidimos dejarlo para mañana porque no nos iba a merecer la pena. Intentamos entonces entrar en el Berliner Dom, pero tampoco podemos entrar porque hay oficio religioso al ser domingo. ¡Que mala suerte de día, no hemos podido entrar en ningún sitio!

Así que nos damos un paseo (otro más uf!), de camino a Potsdamer Platz, a ver si logramos al menos hacer alguna comprita. Pero la verdad es que hay poca cosa donde elegir, eso sí, encontramos una tienda de artesanía en madera impresionante en la calle Friederichstrasse junto a la calle Unter den Linden.

Finalmente encontramos un pub donde tomarnos una cerveza y reposar un rato, y tras recordar cómo era aquello de estar en un bar donde la gente fume (que ajco!), nos vamos a Potsdamer Platz a comer en los chiringuitos de navidad que están montados aquí. Nos zampamos unos Steak (carne de cerdo medio cocida y a la brasa) con cebolla caramelizada deliciosos, y después una bratwurst. Para terminar con el festival calórico, nos trincamos unos crepes de Nutella, que casi salimos rodando de allí jajaja.

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Y poco más, al hotel a descansar!

Bueno, que agustito hemos dormido esta noche en nuestro hotel, jeje, nos ha costado levantarnos pero con la idea de ese “peaso” de desayuno nos levantamos a por energías para pasar el día…

Hoy hemos decidido salir del barrio de Mitte para irnos hacia el barrio judío, en el barrio de Scheunenviertel. Tomamos el tren hasta la estación de Oranienburgerstrasse, tras lo que vamos a contemplar la Neue Sinagoge, la nueva sinagoga, que en la guerra se mantuvo sorprendentemente bien, sólo dañada por los bombardeos. Fue restaurada en los años 80.

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Continuamos la calle, para tomar la calle Grosse Hamburgerstrasse, en el que podemos contemplar el primer cementerio judío de Berlín así como un monumento al holocausto. El cementerio se podía visitar con la única petición de que los hombres se cubrieran la cabeza y se visitara con respeto. Pero al ver que no había nadie, no nos atrevimos y continuamos nuestra marcha.

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En el suelo frente a la fachada de muchas casas hay placas conmemorativas con el nombre de judíos enviados a campos de concentración. Algunos edificios con daños aún de la guerra. Impresiona que tras tantos años aun se conserven estos vestigios.

Bajamos por Sophienstrasse para llegar a conocer los patios conocidos como Hackesche Höfe, una serie de patios en los que existe una gran vida gracias a sus tiendas cafés y garitos. Llama la atención el patio I, y su curiosa decoración.

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El patio I desemboca en la calle Rosenthalerstrasse, en donde encontramos el Anna Frank Zentrum, una exposición de objetos y fotografías dedicada a los alemanes que ayudaron a esconder judíos. Pero lo que llamaba la atención era el arte callejero de las paredes del callejón.

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Nos empieza a chispear, por lo que apretamos el paso, afortunadamente son cuatro gotas que pasan enseguida. Salimos del barrio y marchamos por la calle Gartenstrasse hacia el norte para contemplar una parte conservada del muro, en la calle Bernauerstrasse. Aquí podemos contemplar una maqueta que muestra el emplazamiento del muro, partes originales del mismo, así como conocer a todas las víctimas que perdieron la vida tratando de cruzarlo en un memorial localizado en el parque construido en la tierra de nadie entre los muros de las dos partes de Berlín.

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Cruzando Bernauerstrasse se encuentra un mirador desde el que, tras subir 7 pisos se puede contemplar una sección de lo que fue el muro, las dos paredes, la tierra de nadie entre ellos, las torres de vigía y las alambradas. Sobrecoge pensar lo que debió ser vivir con “eso” ahí durante tantos años, separando a un mismo pueblo, probablemente a familias.

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Finalmente salimos de la zona por la estación de metro de Nordbanhof, donde relatan cómo fueron los años en los que existió el muro para el suburbano, y pudimos ver fotos de las estaciones que estaban sobre el Berlín Este totalmente clausuradas para evitar fugas de sus habitantes hacia el Oeste. Era curioso que los trenes de Berlín occidental pasaban bajo el Berlín oriental pero se saltaban sus estaciones. También narraban episodios de personas que lograron escapar a través de los túneles de metro.

Volvemos a la estación de Oranienburgerstrasse, para buscar Heckmanhoffe, otro conjunto de patios parecido al anterior, donde se encuentra una tienda artesana de caramelos donde se puede ver cómo se fabrican de manera artesana los mismos. Increíble el olor dulce de la tienda.

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También pasamos por la famosa casa okupa, pero fue clausurada el año pasado así que no había mucho que ver.

Volvemos al tren para marchar hacia el Berlín Occidental. Si hasta ahora nos había parecido una ciudad muy tranquila y apacible, con poca gente y tráfico, cuando aterrizamos en el centro comercial KaDeWe pudimos alucinar de la cantidad de gente que había. Hemos saltado al barrio de Charlottenburg. Este centro comercial es como un Corte Inglés a lo bestia, íbamos a intentar comer a la sexta planta, es muy recomendable subir porque hay una mezcla muy curiosa de tiendas de alimentación delicatessen y restaurantes y cafeterías. Increíble la mezcla de olores. Pero con la cantidad de gente decidimos huir a la calle en busca de otro Currywurst. Delicioso a la par que grasiento jajaja.

Desde aquí podemos contemplar la torre de la iglesia Conmemorativa del Kaiser Guillermo. Esta torre se encuentra medio derruida, y así se mantiene como símbolo antibelicista.

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He de confesar que huimos del barrio ahuyentados por la cantidad de gente. Decidimos marchar a contemplar el palacio Schloss Charlotenbourg, del siglo XVIII de estilo barroco, construido por la familia real Hozenzollern. PAra llegar bajamos del tren en la estación de Sophie-Charlotte-Platz y una amable señora nos indicó la dirección correcta para darnos la mala noticia de que teníamos que caminar un kilómetro… Que los pies ya nos pesan.

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Pero llegamos demasiado tarde para entrar. Vamos a la parte de atrás a contemplar los jardines mientras nos queda sol.

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Como nos negamos a patear otra vez de vuelta hasta el tren, buscamos un autobús que nos lleve otra vez al metro o al tren. El autobus nos deja en la cabecera de la línea de metro U2, en el que encontramos el estadio olímpico en su segunda parada, así que decidimos intentar probar por si se ve algo ya de noche, con poca suerte (la verdad es que es bastante lúgubre el camino, da un poco de miedo tan solitario y oscuro).

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En fin, volvemos al metro y montamos hasta llegar a la Hopfbahnhof (estación central), desde la cual nos damos un paseo hasta el Reichtag, donde teníamos que estar a las 19:30 para visitar su cúpula. Visita obligatoria de noche, ya que es muy vistosa la cúpula en si y si puede ser de día también, porque las vistas de la ciudad son impresionantes desde arriba, pero la ciudad es bastante oscura y apenas se distingue nada por la noche.En fin, la cúpula fue diseñada por Norman Foster y es una preciosidad.

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Imprescindible pedir la audioguía en español y contemplar posteriormente la colección de fotos con la historia del edificio. Interesantísimo.

Después de esto, cenamos de camino a casa en un italiano, una lasagna y unos espaguetis bolognesa regularcillos, pero la verdad es que estamos tan cansados que nos da igual. Y de nuevo al metro y al hotel a descansar, que llevamos una paliza de aúpa hoy.

Bueno, bueno, hace ya mucho que no nos hacemos una escapadita… Hará unas semanas nos decidimos, entramos en atrapalo y encontramos una ofertilla interesante para venir a Berlín. Y por fin, ayer llegamos a Berlín!

Llegamos al aeropuerto de Schönefeld sobre las 11 de la noche, aproximadamente, tras un viaje sin mucha novedad con EasyJet, un viaje de aproximadamente 2 horas y media largas… Como ya era tarde, tomamos un taxi que nos acercara al hotel lo más rápido posible. Por cierto, el taxista, hincha del Bayern de Munich, estuvo amenizándonos el viaje a raudas velocidades. El hotel, por cierto, muy cómodo, al lado del famoso CheckPoint Charlie, es el Hotel Anglaterre, de la cadena Gold-Inn, nos ha gustado mucho, muy bien situado a pocos metros del metro.

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Bueno, lo dicho, nos levantamos más o menos pronto a desayunar el buffet del hotel, y la verdad que menudo acierto, un copioso desayuno típico alemán, grasaza en forma de salchichas, albóndigas, huevos revueltos… Cogemos energía para todo el día que nos espera de pateo. La cama nos ha resultado muy cómoda, la habitación bastante funcional, conexión a internet gratis, bebida del minibar incluida… Hasta sauna y sala fitness (esto no creo que lo usemos jajaja). Un 10 para el hotel, recomendadísimo.

Partimos para conocer la ciudad. Hoy vamos a patearnos el centro de la ciudad, el barrio de Mitte. Comenzamos por el CheckPoint Charlie, que ya conocimos anoche al llegar mientras buscábamos un sitio para cenar (hamburguesa de McDonalds justo enfrente, por cierto). El caso es que el CheckPoint Charlie era el tercer punto de paso del muro de Berlín, localizado en la calle Fiedrichstrasse. Este lugar fue muy conocido pues fue el único lugar donde se llevó a cabo un enfrentamiento armado entre rusos y americanos durante la guerra fría, cuando se enfrentaron con tanques en este lugar.

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En este sitio, podemos contemplar una exposición de fotos del papel de este punto durante la división de la ciudad. Bastante curioso. También podemos contemplar algunos de los pocos trozos de muro que aún quedan, decorados con arte callejero…

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Seguidamente decidimos continuar el camino que recorría antaño el muro. Se puede seguir casi en su totalidad, puesto que pusieron una fila de adoquines como recuerdo en todo el recorrido del muro. Siguiendo el recorrido llegamos a un tramo de muro que aún queda en pie en Niederkirschnerstrasse. Este muro flanquea el lugar donde se encontraba en su momento los cuarteles generales de las SS en Berlín, y donde ahora se encuentra localizado un monográfico llamado Topographie des Terrors, una inmensa galería fotográfica donde se documenta con muchísimas fotos toda la estrategia nazi empleada para someter a su pueblo así como a los pueblos de los países invadidos. Espeluznante, desde luego, aunque ha merecido la pena visitarlo, pero a mi personalmente me ha quedado un poco de mal cuerpo durante un rato.

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Tras esta visita, llegamos a la plaza Potsdamer Platz, que enseguida dejamos atrás para dirigirnos camino a la puerta de Bradenburgo. De camino encontramos el monumento al holocausto, un gigantesco monumento realizado con bloques de granito de diferentes alturas, en recuerdo de las victimas del holocausto nazi.

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Finalmente llegamos a la puerta de Bradenburgo. Muy bonita, aunque sinceramente yo pensaba que era más grande de lo que realmente es. Tras un rato contemplándola y haciendo fotos, nos encaminamos a intentar entrar a ver la famosa cúpula del Reichtag, el parlamento alemán, para comprobar que no va a ser posible porque hay que reservar con anterioridad por Internet, en la página www.budestag.de. De manera que cambiamos de planes, y decidimos comer uno de los platos típicos del fast food berlinés, el Currywurst, una salchicha bratwurst frita y troceada, con salsa de tomate picante y espolvoreada con curry. Con patatas fritas. Bastante rico, sacia bastante y no es demasiado caro… Tras el refrigerio volvemos nuestros pasos para entrar por la puerta de Bradenburgo de nuevo y recorrer la calle Unter den Linden, uno de los paseos más exclusivos de la ciudad.

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La verdad es que la calle es muy bonita, pero la lástima es que gran parte de ella se encuentra en obras, lo cual no permite disfrutar de la vista de todos sus edificios. Aún así, hemos podido ver una estatua ecuestre de Federico el Grande, la universidad de Humboldt, la Neue Watche, un antiguo cuartel convertido en monumento antibelicista, la ópera (esto no se puede ver muy bien con las obras)… Hasta llegar al puente Schlossbrücke, desde el cual se puede ver la catedral de Berlín y que separa de la isla de los museos, que decidimos dejar para otro día de la visita.

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Nos desviamos hacia la derecha de la calle Under der Linden, para tomar la calle Französichestrasse hasta llegar a la Gendarmenmarket Platz, donde podemos conocer la Französischer Dom o catedral francesa, y su gemela Deutscher Dom o catedral alemana, custodiadas entre medias por la Konzerthaus. Ah, de camino conocimos una iglesia muy chula llamada Sankt Hedwigs Khatedrale, una catedral reconstruida tras la segunda guerra mundial, con un interior circular, muy original, a dos alturas.

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Tras este paseo, ya son aproximadamente las 4 y ya se está haciendo de noche (se hace de noche un poco antes de las 4 y media) así que decidimos ir a la Potsdamer Platz de vuelta a ver de noche el Sony Center, bastante bonito ver cómo se ha reconstruído este barrio de cero una vez se derribó el muro.

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Después, vamos a conocer la Alexanderplatz. Estamos ya cansados de patear, así que nos metemos en el metro. En una máquina expendedora compramos un par de billetes Berlin Welcome Card para las zonas A, B, y C,para 72 horas, que nos sale por 26,50 cada uno. Parece caro, pero es que un viaje sencillo de metro son 2,60 euros. Merece la pena, porque las distancias son grandes y se usa el transporte público mucho. Y luego hay que tener en cuenta que al parecer hacen un 50% de descuento con esta tarjeta al entrar en los museos.

En fin, tras un rato de descanso en el metro, llegamos a la plaza Alexanderplatz. La verdad es que nos ha parecido una plaza bastante fea, una mole de piedra sin más, eso si, se ve que tiene bastante vidilla… Llama la atención la torre Fernsehturm, la estructura más alta de Alemania.

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Y bueno, que entre unas cosas y otras, son casi las 6, así que vamos a buscar un sitio para tomar una cerveza, y al final de la plaza encontramos un bar restaurante… Nos sentamos en su terraza (con calefacción, que ya refresca) y nos tomamos una jarra de birra fresquita, y al final nos decidimos a cenar ya, que estamos cansados, nos decidimos por especialidades berlinesas, yo pido un plato llamado Kasseler, una mezcla entre codillo y chuleta de sajonia, con patatas cocidas y chucrut, y María unos medallones de ternera con bacon y judías verdes crujientes. Bastante rico todo salvo lo desconcertante del crujir de las judías verdes.

Y poco más, rendidos, nos marchamos al hotel a descansar para un nuevo día de turisteo…

Hace un rato hablaba con un compañero del tabaco, y me acordé de mi antigua calculadora de gasto de tabaco… Ya hace que dejé de fumar la tira… Exactamente 4 años, 4 meses y 22 días.

Los beneficios en salud que he tenido han sido los más notables y los más olvidados porque enseguida se notan (enseguida noté que no me costaba trabajo subir a casa por la escalera, por ejemplo). Siempre es un placer cuando te da por acordarte del tabaco y recuerdas lo que poco a poco te limita el cigarrito y lo que has ganado dejandolo.

Yendo por el lado más económico, según mi calculadora habría dejado de fumar 40113 cigarros, ahi es nada. Y lo mejor de todo, con el supuesto de que el tabaco no ha subido desde verano de 2008 (JA), he ahorrado 5536 euros… ¡Que locurón! No se ni a cuanto está la cajetilla ahora, pero es alucinante, ¿no?

Ay, hoy acaba nuestro viaje. Lástima, lo bueno acaba pronto, pero al menos nuestro vuelo sale por la tarde y tenemos unas horas para dar un paseo.

Salimos a desayunar sobre las 11 y en la cafetería desayunamos manjares como siempre, destaco un huevo frito con tomate natural y queso fundido que estaba tremendo. Regresamos al hotel a terminar la maleta y prepararnos para irnos. Por cierto, fatal el hotel, a las 12:03 nos llaman a la habitación para que desalojáramos la habitación, 3 minutos de margen? En fin…

Comenzamos el paseo desde la Plaza Dam, descendiendo hacia el barrio de los canales del sur, llegando a la plaza Rembrandtplein. Siempre me ha gustado mucho la vida de esta plaza, y ahora en navidades está decorada con muchos puestitos e incluso un nacimiento con árboles de navidad y renos.

Continuamos hacia Voldenspark o parque del pueblo. Este parque es una especie de Central Park en versión Amsterdam, con muchos caminitos para pasear, lagos y bancos para las familias. Se pueden ver (cómo no) muchos ciclistas recorriendo el parque de arriba abajo, gente haciendo footing y familias pasando el día.

Después fuimos de nuevo a Museumplein, para dar un paseíto por entre los museos, y luego seguidamente, subimos de nuevo hacia la plaza Dam. Antes de llegar a ella, nos desplazamos hacia el barrio rojo para despedirnos.

Y después volvemos al hotel para recuperar las maletas y marcharnos. Cuando vamos a abandonar Amsterdam, antes de llegar a la estación de tren, nos despedimos con un hasta pronto de la ciudad. Nunca se sabe, yo ya he estado cuatro veces con esta aquí, así que algo tendrá…

Y poco más queda que contar, tren desde la Centraal Station hasta el aeropuerto de Schiphol, un par de horas de espera para embarcar en el avión de EasyJet (por cierto, no estoy hecho para las low-cost y sus embarques en plan marica el último), y viaje. Lo mejor de todo, Blanca nos esperaba en el aeropuerto con sus abuelos para darnos la bienvenida, y tan contenta que se ha puesto.

En fin, ¡ya estamos en casita!

Una ciudad fantástica. Por si tenéis pensado ir, es una ciudad relativamente cara, más que Madrid al menos, sobre todo el alcohol es casi prohibitivo (lo más barato que hemos llegado a encontrar, 4,5 euros una pinta de cerveza, el resto de alcohol lo flipas), la comida y la bebida también bastante cara, y el resto de cosas más o menos el precio que aquí. La gasolina es cara (1,66 euros el litro de gasolina 95), es preferible alojaros en el centro si lo podéis elegir (a 7 euros el tren ida y vuelta a Schiphol, enseguida se amortiza y tienes el hotel cerca). Se puede llegar a todo andando, y si os apetece, alquilar bicis, aunque seguro que cuesta tener la maestría que tienen los holandeses con el tráfico ciclista, a nosotros nos ha echado para atrás el frío.

Y nada, espero en breve poder contaros otro viajecito. ¡Gracias por leernos!

Nos levantamos prontito con pesar, la cama del hotel Etap atrapa, pero hay que levantarse pronto que queremos visitar otra ciudad declarada patrimonio de la humanidad, Gante. Está aproximadamente a 50 kilómetros de Brujas, y nos pilla de camino de vuelta a Amsterdam, así que, ¿por qué no? Así que salimos de la cama prontito, hacemos la maleta y al coche pronto, ya desayunaremos allí.

En aproximadamente 40 minutos llegamos a Gante. Siguiendo las indicaciones del GPS nos metemos en el centro centro, ¡vaya! parece que nos hemos metido tanto en el centro que nos hemos debido pasar algún prohibido, porque los semáforos son solo de tranvías… ¡Ups! Nos damos la vuelta corriendo esperando que no nos vea nadie, y buscamos un parking.

Dejamos el coche, desayunamos un café con croissant, y procedemos a turistear.

Imaginaos nuestro asombro cuando encontramos esta vista, parece salida de un cuento:

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Estamos sobre el Puente de San Miguel o Sint-Michelsbrug, desde donde se puede ver la Sint-Niklaaskerk o Iglesia de San Nicolás, la cual está abierta al público y podemos pasar a admirar. Es realmente bonita. Os pongo una foto de su altar.

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Continuamos paseando por la calle principal hasta la plaza de San Bavón (Sint-Baafsplein), donde podemos contemplar la Torre Belfort y la magnífica Catedral de San Bavón (Sint-baafskathedraal):

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Y tienen canales, cómo no, este viaje parece patrocinado por Canal plus jejeje… En gante confluyen dos ríos, el Lys y el Escalda. De hecho el nombre de Gante proviene de la palabra celta ganda que significa confluencia. Como curiosidad decir que parte de la riqueza de la ciudad proviene de que el río Escalda es navegable desde el mar.

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Después de esto, nos perdimos por la ciudad admirando tanta belleza. Y a cada esquina que doblas, igual te encuentras un castillo, que una iglesia…

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Tras un ratito, nos montamos en el coche y nos dirigimos a Amsterdam de nuevo, con un poco de pena porque nos hubiera gustado disfrutar más esta ciudad. Es una ciudad estudiantil, con lo que su vida nocturna debe ser bastante ajetreada. Al parecer, reciben muchísimos Erasmus españoles. Y por cierto, hablando de españoles, esta semana el español podría ser declarado idioma oficial, o al menos en el mayoritario. Todas las personas que te cruzas hablan español, es impresionante. Para que luego digan de la crisis.

De camino, comimos en un restaurante de paso, justo a la entrada de Holanda ya, un delicioso bocadillo de salmón (María) y otro de Rostbeef y tarta de chocolate y frambuesa (yo). ¡¡¡Buenísimo!!! Y después, nos tragamos un atasquito de unos cuantos kilómetros por culpa de un puente levadizo, ¡que mala pata!

De vuelta en Ámsterdam, dejamos el coche en Avis y volvemos al hotel para seguidamente ir hacia nuestra parroquia-bar a tomarnos una cerveza y tratar de actualizar el blog sin éxito. Así que para celebrar lo bien que lo estamos pasando, nos tenemos que tomar unas pintas. jijiji.

Y finalmente, nos vamos a cenar a un restaurante italiano en el barrio rojo. Un restaurante pasable la verdad, nos pudo el hambre y entramos al primero que vimos.

Y después, a dormir y ¡hasta mañana!

Hoy nos levantamos muy prontito, porque tenemos previsto viajar a Bélgica a ver Brujas y Gante. Anteayer reservamos un coche de alquiler y un hotel en las afueras de Brujas, así que pronto preparamos una maleta y nos damos un paseo para ir a buscar nuestro cochecito, un Citroën C1.

A las 9 estamos en marcha y motorizados. Y gracias al GPS, enseguida estamos en dirección a Brujas. Impresionante las autopistas holandesas, y la cantidad de camiones que viajan dirección Bélgica, ocupan un carril para ellos solos y a veces el segundo también. A la mitad de camino, paramos a comer un bocadillo y un café para desayunar en un Deli Fresh.

Sobre las 12 llegamos a Brujas sin mayor novedad, salvo la lluvia al principio del viaje y luego el sol cegador en la segunda mitad del viaje. Que no se me entienda mal, que se agradece el sol, pero en estas fechas no sube mucho el sol en el horizonte y molesta para conducir. Pero a lo que vamos, llegamos sin problemas. Nos registramos en el hotel Etap, cercano a la estación de tren. Una habitación muy chiquitita, pensada al milímetro, pero muy cómoda y más que suficiente para pasar una noche.

Y ahora, al turisteo!!! A patear la ciudad, el coche se queda aparcado en un descampado al lado del hotel… Estamos deseando descubrir todos los rincones que podamos de esta ciudad declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO.

Lo primero que vemos es el monasterio de las monjas Beguinas:

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Después de esto, teniendo en cuenta las horas que son, y para tratar de aprovechar las horas de sol lo más posible, decidimos comer algo rápido, y adivinad que es lo primero que decidimos comer en Bélgica… ¡Claro! Unos gofres calentitos. Deliciosos, yo no puedo evitar repetir jejeje

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Tras esta gochada, tomamos la Katelinestraat para ver los principales monumentos de la ciudad.

Aquí parte de Memligmuseum.

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Y aquí tenemos la iglesia de Notre-dame o Onze-leve-Vrouwerk:

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Es impresionante, a cada esquina que doblas es una sorpresa, entre monumentos y canales.

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Seguidamente, bajando por la calle Steenstraat cruzamos un mercadito en la plaza Simon-Stevinplein donde se podrían comprar muchos tipos de comida belga, sobre todo patatas y hot-dogs. Siguendo la misma calle llegamos a la plaza Markt, en la que se encuentra el palacio provincial o Provinciaal Hof, y un mercado navideño con incluso una pista de patinaje sobre hielo donde jugaban muchos niños.

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Seguimos a la plaza Burg, donde encontramos el ayuntamiento o Gothig hall – Stadhuis.

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Y continuamos nuestro paseo por el centro histórico donde podemos encontrar miles de rincones especiales de los que rescato algunos.

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Finalmente tomamos camino al este de la ciudad, donde pudimos ver alguna de las puertas de entrada de la ciudad y sus históricos molinos de viento.

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Después de la pateada paramos a tomar una birrita y descansar y volevemos sobre nuestros pasos para merendar-cenar en el primer mercado que nos encontramos, unas patatas fritas y un perrito con cebolla caramelizada que estaban que lo petaban, y nosotros también. Aunque el resto de días hemos comido bien y sano, hoy hemos comido bien, pero sano lo que se dice sano no.

Solo nos quedaba orientarnos casi a oscuras dirección al hotel y esperar a ver si había suerte para ver el Real Madrid-Ajax, que al no poder verlo, pues no había otra cosa que hacer que dormir y descansar…

¡Hasta mañana!

¡Buenos días!

Nuestro propósito el día de hoy es visitar los museos de la ciudad, al menos los más importantes. Para la elección ayuda el tiempo, ya que hemos estado oyendo toda la noche llover con ganas. Por cierto, hasta ahora el tiempo nos ha respetado bastante, hemos tenido mucha suerte ya que a pesar de las previsiones, no nos ha caído aún una gota encima.

Nos levantamos con parsimonia sobre las 11 de la mañana, ya nos vale, la verdad, pero hoy tocaba descansar, que los dos primeros días nos los hemos tomado con avaricia. Lo primero desayunamos camino de los museos, así que emprendemos la búsqueda de un lugar para al menos tomar un café. Encontramos uno en la calle Leibestraat, un local especializado en brunch, desayunos y comidas. Nos tomamos un café delicioso y una cookie con chocolate gigante escuchando música clásica, parece que el lugar nos anticipa el día cultureta jejeje. Lástima que no recuerdo el nombre del local, puesto que es para recomendarlo.

Retomamos el camino a los museos. Casi accidentalmente nos encontramos con el Bloemenmarkt o Mercado de las Flores, especializado en la venta de bulbos y semillas, y aprovechando la coyuntura aprovechamos para comprar unos cuantos bulbos de tulipan.

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Tomamos la calle Vijzelstraat, que nos acompañará hasta la fábrica de Heineken. A mitad de la calle encontramos una deliciosa tienda de juguetes para niños, donde pudimos realizar una pequeña comprita exprés para Blanca. Y llegamos a la fábrica de Heineken, que seguro que a muchos os gustará conocer:

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Nosotros posponemos la visita para más adelante si es que nos da tiempo. Antes queremos ver otros museos. Enseguida llegamos al Rijksmuseum (Museo Nacional) y al Museo de Van Gogh:

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Tras un breve paseo por la plaza Museumplein, comenzamos la visita museística.

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Comenzamos viendo el Museo Van Gogh, contemplando parte de su obra así como de otros artistas amigos como Bernard, Monet, o Gaugin. 14 euros por persona.

una vez concluida la visita nos zampamos unos perritos en un puesto callejero con cebolla frita que nos saben a caviar, ¡estábamos con un hambre de leones! Y una vez avituallados, pasamos a ver el Rijksmuseum. Este museo alberga obras de Rembrandt y otros maestros holandeses como Vermeer. Como curiosidad, la entrada cuesta 12.50 euros, pero al ir a pagar con la tarjeta de ING, la dependienta nos anunció muy cantarina que por ser clientes, nos correspondía un 50% de descuento. Y sobre este museo, la verdad, me gusta mucho más el arte hiperrealista de Rembrandt, supongo que como no entiendo de arte, es fácil impresionarme con cuadros que asemejan a fotografías.

Tras este paseo abandonamos el barrio de los museos acompañados de un ligero granizo. ¡Ya decía yo que habíamos tenido mucha suerte!

Terminamos la excursión, acercándonos al hotel a descansar un rato y esperar a ver si escampa. Tras un ratillo, una ducha para recuperar el calorcito y que dejara de llover, acudimos a nuestra taberna a tomar una cerveza, actualizar el blog y tratar de hablar (como siempre, sin conseguirlo) con nuestra hija. Ten hijos para esto, para que no quieran hablar contigo. jejeje

Después de recargar el tanque, vamos a cenar. Esta vez decidimos hacer caso a la Lonely Planet y vamos a cenar a un restaurante holandés dedicado sobre todo a tortillas y crepes, llamado Pancake Bakery, en Prinsengracht, muy cerquita de la casa de Ana Frank. Aqui nos cenamos una crepes impresionantes de bacon, champiñon y queso (María) y de carne con pimentón y ensalada (yo). Delicioso, terminamos llenísimos y encantados.

Por cierto, hay españoles por todos lados. Impresionante, en el restaurante de anoche, creo que las 10 o 12 mesas que tenían eran todos españoles. En la cena de hoy sólo un par de mesas. Se nota el Puente de la Constitución.

Hasta mañana!

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