Buenos días a todos,

Hoy tenemos previsto dar una vuelta por el barrio de Jordaan, uno de los primeros ensanches de la ciudad.

Comenzamos acercándonos al canal Brouwersgratch, uno de los canales más típicos de la ciudad, desde Centraal Station. De hecho, podemos obtener unas buenas fotografías del canal, aprovechando la buena mañana que nos está haciendo:

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Podemos ver la curiosa iglesia Noorderkerk y el mercado de granjeros que se pone a su lado. La iglesia fue la primera que situó en el centro de su planta en cruz, de manera que se púede ver los oficios desde sus cuatro lados. Lamentablemente no está abierta, así que nos quedamos sin poder visitarla, pero el mercado si que nos resulta curioso. Una mezcla entre puestos de antiguedades, curiosidades, ropa de invierno… Ideal para perderse un rato.

Proseguimos nuestra visita continuando por el canal Brouwersgratch, donde podemos ver algunos de las casas flotantes de la ciudad. Al parecer, hay gente que decide comprarse un barco y venirse a vivir al canal, aunque los amarres tampoco son muy económicos que se diga (no recuerdo el precio pero alrededor de los 300 euros al mes).

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Proseguimos por una de las calles del barrio, la Palmdwarsstraat, en la que podemos contemplar los comercios de alimentación del barrio, así como algunas guarderías infantiles. Este es uno de los barrios “bien” de Amsterdam, y se nota que los habitantes tiene buen nivel de vida. Sin embargo, apenas se ven vehículos a motor en este barrio, igual que en el centro de Amsterdam. No se a ciencia cierta si los coches están restringidos o es por la conveniencia de ir en bicicleta a todas partes, pero no hay apenas coches en la ciudad. Esto ayuda a que sea una ciudad bastante tranquila y silenciosa, y da gusto.

Hablando de bicicletas, ¡tened cuidado en Amsterdam y mirar a ambos lados de la calle antes de cruzar! Nunca sabes de dónde puede venir una, y como invadas el carril de bicicletas, a buen seguro que te caerá una buena reprimenda de los ciclistas. ¡Menudos kamikazes con las bicis! hemos visto pasar bicis a centímetros de coches… En fin, lo que más nos ha llamado la atención es que usan la bici para todo, e incluso llevan a los bebés en ellas, ya sea en transportines como los que vemos en españa (sillitas a la espalda del ciclista), como sillitas en el manillar de la bici, como estos ingeniosos apaños en donde los niños pequeños tienen hasta su propio espacio de juegos:

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Si llueve, no hay que temer, ya que ponen un plástico transparente sobre el cajón para que el crío no se empape. Hay muchísimas de estas por toda la ciudad, pero en este barrio parace que hay más, al ser un barrio residencial.

En esta calle, podemos contemplar una casa muy curiosa, con la fachada inclinada hacia un lado:

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En la calle que cruza Weerterstraat encontramos otro mercadillo, muy al estilo del mercado de granjeros. Pero ¡espera! si en realidad contunúa desde la iglesia… jajaja hemos dado un buen rodeo… En fin, contunuamos bajando por la calle Angelierswarsstraat, hasta llegar al canal que delimita el barrio por el Este. Llegando al final, podemos ver la iglesia Westerkerk:

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Giramos a la derecha y continuamos por el canal Rosengratch, hasta llegar a la calle Rozendwarstraat, en la que pudimos ver algunas tiendas de cosas curiosas… ejem

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Después de este paseo por el barrio de Jordaan, tomamos el canal Pinsengracht, hasta volver hasta la iglesia Westerkerk. A su lado se encuentra la famosa casa de Ana Frank, que vemos desde fuera (nos pareción un poco cara la entrada, sinceramente, así que pasamos).

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Con todo este paseo, estábamos hambrientos, así que marchamos al barrio rojo a buscar un lugar para comer. Nada más salir de la plaza Dam, en la calle Damstraat, encontramos un argentino en el que comemos estupendamente, un bife de chorizo y un cuadril. Aunque algunos camameros no son precisamente amables, como en este caso, generalmente los holandeses son muy atentos y amables… En fin, lo importante es que comimos estupendamente.

Después de comer nos acercamos a la Centraal Station, ya que muy cerca de ella se pueden tomar los cruceros que dan la vuelta al casco histórico por los canales. Una horita sin caminar, es algo que se agradece sinceramente, y ver la ciudad desde el canal merece la pena. El señor comandante de la nave nos va contando datos curiosos de la ciudad y de las casas que vamos encontrando, aunque mi inglés no da para entenderle muy bien Sad smile

Después del crucero, volvemos al hotel y cogemos el Netbook, en busca de un bar con WiFi en el que hacer unas gestiones. Enseguida encontramos una taberna, muy cerca del hotel, y que además de Wifi tiene unas medias pintas de cerveza “económicas” para el precio habitual d el alcohol en la ciudad (alrededor de unos 2 euros), y que creo que haremos nuestro lugar habitual de “cañeo” de descanso.

Tras arreglar nuestras gestuones y tomarnos unas cañas, vamos a cenar a un italiano que se encuentra en la calle Paleisstraat, a medio camino entre la plaza Dam y el hotel, que ya habíamos visto en varias ocasiones y que nos perecía que tenía buena pinta. ¡Y que acierto amiguitos! Menudas pizzas de pollo y de jamón con champiñones que nos hemos apretado…

Y tras todas estas aventuras, nos vamos para el hotel para echarnos y descansar que hemos pateado mogollón.

¡Hasta mañana!

– “Juanjo, ¿qué hora es?”

– “Las cinco y cuarto. ¡Nos hemos dormido!”

De un sobresalto comenza nuestro viaje del puente de Diciembre. Visitaremos Ámsterdam, la ciudad de los tulipanes, pero claro, primero tenemos que tomar el avión, y casi nos dormimos, menos mal que María oyó su despertador de refilón, porque casi nos quedamos roque. Llamamos a Vicky, nuestra taxista de esta ocasión, nos lavamos y vestimos, cerramos las maletitas y nos vamos.

A las 6 estamos en el aeropuerto listos para tomar el avión de EasyJet. Antes, claro, hay que pasar el control de seguridad. A veces te dan ganas de venir desnudo desde casa y vestirte después del arco, de todo lo que tienes que quitarte y luego volver a ponerte… Y como casi no llevamos capas de ropa puesta para evitar facturar (un par de forros polares, las botas de montaña, etc), pues que casi haces un striptease ahí mismo…

Bueno, que me enrollo más de la cuenta. Una vez embarcado y cogido el asiento (pudimos pillar dos asientos contiguos), en cinco minutos caemos como troncos, de hecho, nos hicimos todo el vuelo dormidos, quitando algún anuncio de productos que venden en vuelo que nos despierta.

Pero enseguida estamos en el aeropuerto de Schipol, así que tras descender el avión nos dirigimos a comprar los billetes de tren en la máquina expendedora. Es fácil el proceso de compra, pero nos cuesta 7,60 euros (más gastos de tarjeta) el billete para dos a Amsterdam Central. El viaje en si es rápido (tarda aproximadamente 10 minutos) y enseguida nos deja en esta preciosa estación de tren:

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Recorremos la calle Damrak que nos lleva a la plaza Dam, centro de la ciudad. Lo primero es buscar nuestro hotel, El Rembrandt Classic, a dos canales de la plaza Dam (unos cinco minutos a pie). Son las 11 de la mañana, asi que por no estar con las maletas en la mano decidimos probar suerte por si tuvieran una habitación lista, ya que en principio la hora de entrada es a las 2 de la tarde. Enseguida encontramos nuestro hotelito y por suerte nos dan habitación, así podemos dejar las maletas y dedicarnos a patear la ciudad. Por cierto, la habitación muy limpia y amplia, sin grandes lujos pero funcional y cómoda, que es lo importante, parece que un poquito fría…

Bueno, pues decidimos emprender la marcha por el centro de la ciudad. Comenzamos por el barrio medieval, dando un paseo por algunas de sus calles hasta llegar a la Plaza Dam, con su palacio real al fondo y la Nieuwe Kerk o nueva catedral. Como dato curioso, en esta catedral es donde se corona a los nuevos reyes holandeses:

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Al lado del monumento nacional, pudimos ver unos alegres músicos disfrazados que tocaban alegres piezas (igual nos estaban recibiendo, quién sabe).

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Tomamos la Nieuwendijk que es la calle más comercial de Ámsterdam. Realmente no tiene mucha historia, es como darse un paseo por cualquier centro comercial en Madrid, tiendas multinacionales de moda y comida rápida sobre todo. Quizás puede ser interesante alguna tienda para hacer alguna comprita, no descarto algún día mirar algún vaquero si me sobra tiempo. Nosotros de momento la dejamos atrás y nos encaminamos al barrio rojo o Red lights district.

Podemos pasear por entre algunas de sus calles, observando la mezcla de gentes del lugar. Realmente es impresionante comprobar como conviven pacíficamente en un mismo espacio, gente de marcha, prostitutas, camellos, turistas, policías… Es un barrio chino diferente, desde luego. No se ven muchos comercios chinos, y lo único que indica que es un barrio chino son los letreros en chino en las calles. Mientras paseamos, podemos ver como algunas chicas ofrecen sus servicios, muy ligeras de ropa, en puertas acristaladas alumbradas con fluorescentes rojos. Dicho todo sea de paso, algunas muy guapas y otras “monstruitos”… Me hubiera gustado hacer algún retrato, pero no quise arriesgarme a un altercado por fotografiar a alguna chica, al parecer no es de su agrado ser fotografiadas.

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Enseguida llegamos a Nieuwmarkt. Recuerdo esta plaza de la nochevieja que pasé aquí en el año 2004, y la cantidad de miles de petardos que tiraron aquí los lugareños. Esta plaza era punto de carga y descarga de mercancías antaño. Hoy, con mucha más luz, podemos comprobar cómo tiene casi la misma vida que el resto del barrio rojo, muchos bares, cafés, y restaurantes alrededor.

Después seguimos caminando hacia el sur, pasando por las calles del barrio judío (Jodenbreestraat) hasta llegar al Waterlooplein, plaza en la que ponen un mercado de antigüedades y ropa, desgraciadamente no está abierto, así que nos quedamos con las ganas de gastarnos algún eurillo. Pasamos al lado de Stopera que es el ayuntamiento-opera de la ciudad, edificio moderno de ladrillo visto que desentona con el resto de la cuidad, pero en sus canales podemos hacer fotos curiosas, no se si se apreciará, pero se ve como cada casa tiene una pequeña inclinación diferente:

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Antiguamente, al construir las casas, se pagaba por metros de fachada y por metros cuadrados de suelo. Es por esto que las casas de Ámsterdam son tan estrechas y a la vez, tienen la fachada inclinada (la parte superior más hacia fuera que la inferior). Además, al ser tan estrechas sería un problema hacer mudanzas, así que todas las casas tienen un palo en su parte superior de manera que los muebles se puedan introducir en las casas por las ventanas.

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Continuando nuestro camino, llegamos a la universidad de Ámsterdam. Pudimos contemplar sus instalaciones e incluso pudimos ver un curioso “mercadillo” de libros de segunda mano, que aun a pesar de estar en la calle, olía a libro añejo:

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Aquí finalizamos nuestro paseo, perdiéndonos de nuevo por los dominios del barrio rojo, esta vez de noche. Ahora el negocio de las luces rojas esta a pleno rendimiento, con gran cantidad de chicas en sus escaparates.

Decidimos cerrar unas Croketen en la cadena FEBO de comida rápida. Estos establecimientos tienen la curiosidad de vender sus platos a través de una especie de máquinas expendedoras, en las que pones tu euro y coges tu bocado calentito. Pudimos probar diferentes Kriketten de sabores de ternera y cordero picante, así como unas pequeñas Kipburger, unas hamburguesitas de pollo deliciosas.

Ya es de noche. Tomamos rumbo a nuestro hotel, admirando la vida nocturna de la ciudad, sus canales…

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Y mañana más, amiguitos.

¡Vamos! ¡vamos que es nuestro último día y hay que intentar ver todo lo posible!

Como no puede ser marcharnos de Estambul sin ver Santa Sofía, lo primero del día es ir a visitarla, que no se nos pase que teniéndola al lado del hotel no la hemos visitado aún, ya nos vale.

Sigue haciendo mucho frío hoy por lo que la espera en la entrada se nos hace algo larga, pero bueno, no habremos tardado más de 5 minutos en entrar.

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Desde luego, desde fuera es algo impresionante, pero nada comparado con lo que nos espera dentro. Santa Sofía ahora es un museo, desde luego el más imponente de los que haya estado nunca.

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Estas son algunas de las vistas del interior de Santa Sofía. En su parte superior existe un museo donde se aún se conservan algunos frescos de la época bizantina de la catedral, en la foto aparece en el centro la Virgen María con Jesus, y a su lado uno de los emperadores. En la segunda, el Arcangel San Gabriel, en la bóveda de la fachada principal.

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Tras la visita, tomamos el tranvía hasta Eminonu, desde donde tomamos un ferry para llegar a la parte asiática de la ciudad. Hacemos caso a Pepe Ramos y cogemos uno de los ferrys “normales” evitando los de turistas, ahorrandonos casi 5 euros por cabeza… Que bien contar con vuestros consejos en facebook!

Por primera vez (si no contamos alguna escala en un aeropuerto) podemos decir que ¡hemos pisado Asia! Y resulta que en Asia sigue haciendo el mismo frío que en Europa, como unos 2º que vemos al bajar del ferry, que de sensación térmica hace mucho menos, la leche que fríooooo!

En fin, lo primero que queremos hacer es ir a visitar la Torre de Leandro, un islote en el que existe un antiguo faro, bastante pintoresco y digno de ver. Ahora es un restaurante, aunque en su momento llegó a ser aduana o lugar de cuarentena durante una epidemia de cólera.

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Tras ver el faro contemplando al fondo las mezquitas del lado europeo, desandamos nuestros pasos para contemplar las tres mezquitas que están al lado del puerto de Uskudar, las mezquitas de Iskele, de Yeni Valide y de Semsi Pasa. Algunas las logramos visitar pero otras tenemos que dejarlo pues están rezando. Son mezquitas más pequeñas que las que hemos visto anteriormente, pero igualmente acogedoras.

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Con el frío que hace y alguna señora es capaz de ir con este calzado de madera… ¿estamos locos?

Tras ver las mezquitas nos damos un paseo por el barrio, y antes de tomar el ferry de vuelta, nos comemos un durüm kebab delicioso en un sitio cualquiera de la calle Caoglan.

Sin tiempo a reposar tomamos el ferry de vuelta a Eminonu y de ahí tomamos un autobús que nos acerca al barrio de Eyup. Queremos ver su mezquita, lugar de peregrinación para los musulmanes puesto que Eyup fue el porta estandarte de Mahoma, y sus restos yacen aquí.

Decir que en esta mezquita se respira mucho fervor religioso, y eso, combinado con que parece que siempre están rezando dentro, nos hace desistir de entrar en ella. Preferimos no molestar.

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A cambio, damos un paseo por el cementerio de Eyup, lugar donde podemos comprobar como comparten sitio lápidas otomanas, bizantinas y turcas. Sinceramente es un paseo bastante agradable aún con el ruido de los cuervos sobre nuestras cabezas, subiendo la ladera a pie hasta llegar al famoso café Pierre Loti, situado en la estación superior del teleférico. Desde allí hay unas increíbles vistas de la ciudad, pero con el tiempo se quedan en modestas vistas de la mezquita y el cementerio.

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Tras disfrutar un rato de la panorámica, desandamos el camino volviendo hasta la mezquita para comprobar de nuevo que no parece buena idea entrar. Así que decidimos dar una pequeña vuelta por el barrio y luego volver al barrio del hotel.

Tomamos otro autobús que abandonamos en el barrio de Fatih. Ahí podemos ver durante un momento la mezquita de Fatih, y continuamos ya a pie por la calle Macar Kardesler. Y encontramos uno de los acueductos que surtían de agua en su momento la Cisterna de la Basílica.

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Continuamos el descenso de la calle y vemos la Mezquita del Príncipe (Sehzade), y continuamos nuestro camino.

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Nos desviamos para tratar de ver Suleymaniye de nuevo, aunque a la hora que llegamos está ya todo cerrado, así que decidimos ya volver al hotel, no sin antes cenarnos algo.

Estamos agotados y helados. Pero la verdad es que el viaje ha merecido la pena. Estamos convencidos de que la ciudad con sol debe ser algo increíble de ver, porque nos ha conquistado sin poder disfrutar una de sus magníficas puestas de sol. Espero tener la oportunidad de volver, esta vez con más tiempo para disfrutarla con más tranquilidad.

Muchas gracias por leer nuestro modesto diario de viaje, espero no haberos aburrido ni haberos hecho sangrar los ojos con alguna falta de ortografía o alguna inexactitud histórica…

Ahora me voy a acostar que mañana a las 4 de la mañana nos suena el despertador para ir al aeropuerto… Argh!

Un abrazo!

Empezamos el día y tras desperezarnos y desayunar, tomamos camino de la Mezquita de Süleymaniye, que al parecer es la más importante de toda la ciudad. Y la verdad es que nos impresiona mucho su majestuosidad.

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Nos disponemos a entrar en la mezquita. Como está lloviendo (menuda suerte estamos teniendo con el tiempo), nos ofrecen bolsas de plástico para que podamos meter nuestros zapatos dentro y no mojemos la alfombra de la mezquita (supongo que todos sabréis que en las mezquitas hay que pasar descalzo). Así que nos descalzamos y nos metemos dentro.

Es la primera vez en mi vida que entro en una mezquita. Y he de confesar que me impresiona profundamente la tranquilidad que se respira en el templo, lo bonito que es el interior, el suelo totalmente alfombrado y de un limpio inmaculado…

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Aquí nos sentamos en la alfombra para disfrutar bien de la vista. Cuando ya nos hemos empachado de mezquita, decidimos marchar hacia el mercado de las especias, cerca de la mezquita. Bajamos la calle entre ambas, sufriendo el viento y el agua nieve (si, está haciendo mucho frío). Y enseguida llegamos al mercado.

El mercado consiste en dos naves en forma de L, en la cual se venden principalmente especias (en serio!?), aunque también otros muchos artículos como souvenirs, zapatos… Es algo así como un Gran Bazar en chiquitito, con muchos olores embriagadores provinientes de todos lados. Un placer para los sentidos (y además que sí, porque aquí se está calentito y al resguardo).

Una vez comprado un par de detallitos, continuamos nuestro paseo, que nos lleva a la Nueva Mezquita, justo al lado del mercado. Una mezquita bastante más modesta que la primera que visitamos en el día, pero aún así bastante bonita.

Tras visitarla, tomamos el tranvía-metro para cruzar el río Cuerno de Oro, y pasar a otra de las partes de la ciudad cruzándo por el Puente de Gálata, para dar un paseo por el barrio de Taksim. Para llegar al barrio, tenemos que bajar del tranvía en la estación de Kabatas y tomar el funicular que nos sube a la colina de Taksim.

Una vez arriba, tratamos de pasear por la plaza, pero hace tanto frío que nos cobijamos en la calle comercial Istiklal. Algo así como la calle Preciados pero como 10 veces más largas. Cuando llegamos a esta calle recordamos que nuestro amigo Javi nos recomendó un restaurante llamado Gani Gani. Lo buscamos y subimos a la segunda planta, lugar donde podemos comer sentados en el suelo entre cojines. La comida además, de lo mejorcito que hemos probado hasta ahora y además bastante barato…

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Tras comer y no sin muchas dudas con lo calentito y agusto que se está en el Gani Gani, tenemos que continuar. Seguimos bajando la calle Istiklal, hasta el final, y a continuación por la calle Yüksek (llena de comercios dedicados a vender instrumentos de música) hasta que llegamos a la Torre de Gálata, una maravilla que se encuentra en pie desde el siglo VI, que se construyó inicialmente como faro, y ahora tiene un restaurante en su planta superior.

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Tras subir, podemos dar una vuelta en su balcón viendo prácticamente toda la ciudad. Lástima de tiempo, aún así hemos grabado un vídeo para que os hagáis una idea…

http://www.youtube.com/watch?v=4H5khSxzWBg

Seguimos pelados de frío, y sigue cayendo el agua nieve, así que descendemos para volver a cruzar el puente Gálata de vuelta a la parte antigua de la ciudad. Cogemos el metro que rápidamente nos acerca al lado de la mezquita de Santa Sofía.

Lástima, acaban de cerrar, así que corremos a tratar de ver la Mezquita Azul por dentro y por fuera:

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http://www.youtube.com/watch?v=mf3J4lTW05M

Una pasada increíble. Es una preciosidad. Nos quedamos sin palabras para describirla. De nuevo nos tenemos que sentar en la alfombra para disfrutar del espectáculo…

Al salir, nos vamos al hotel a descansar del frío del día. Llegamos ateridos y mientras tratamos de entrar en calor, otra vez vuelven a llamar a la oración desde las alminaras de todas las mezquitas de la ciudad. Esta vez hemos grabado un pequeño vídeo para que lo oigáis:

http://www.youtube.com/watch?v=ZeysSZPjGC4

Impresionante ¿verdad?

Tras un buen rato entrando en calor y con ropita seca nos bajamos a la calle a buscar un sitio donde cenar. Enseguida nos aborda un camarero del primer restaurante, que nos hace una buena oferta para cenar. Así que allá que vamos, nos cenamos una deliciosa sopa y luego María una dorada a la brasa, y yo un kebab “Alí Babá”, que es una vasija que la presentan entre llamas, con carne de ternera y verduras. Todo delicioso.

Por cierto, que bien se come aquí… Nunca se falla se decida uno por el restaurante que se decida.

Bueno bueno! Ya estamos arriba, esperabamos que nos levantara la llamada a la oración del alba, pero no lo hemos oído (supongo que no lo han hecho) porque desde la ventana se ve esto:

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Se trata de la pequeña Mezquita Sokollu. Como se puede apreciar, no hace un día muy soleado que se diga, de hecho, el día tiene la misma pinta que el de ayer. Así que nos armamos del chubasquero y nos vamos a patear la ciudad, tras el desayuno en el hotel.

Como las mezquitas las vimos ayer y hoy no hace sol, decidimos dejarlas para verlas por dentro mañana a ver si con suerte hace sol. Así que nos encaminamos a ver el Palacio de Topkapi.

Llegamos y comenzamos a pasear por el primero de sus cuatro patios. Al parecer, el palacio está dividido en cuantro patios diferenciados, a cada cual antiguamente cada vez pocía acceder menos gente: el primer patio era el patio del pueblo, en el cual podía acceder libremente cualquier persona. Mirad que vistas desde la puerta del primer patio:

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En este patio compramos las entradas de acceso al palacio. Vimos desde fuera una iglesia de la época bizantina y enseguida atravesamos las puertas que dan acceso al segundo patio. En este patio, antiguamente, ya sólo podían acceder personas invitadas por el Sultán, y en él se celebraban recepciones y celebraciones.

Tras un breve paseo por el segundo patio, accedemos al tercero por otra gran puerta. Este patio sólo era accesible por las personas de confianza del Sultán, así como otros mandatarios. Tras atravesar la puerta se ven enseguida dos edificios en mitad del tercer patio: El primero es un edificio que contiene una gran sala de audiencias, donde el Sultán recibía a sus invitados:

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El segundo es una mezquita privada para que el Sultán y su familia pudieran hacer sus oraciones:

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En los edificios alrededor se encuentran una serie de estancias donde poder admirar muchos de los tesoros del Sultán, ropas del Imperio Otomano, y algunas reliquias sagradas de le profeta Mahoma. Tras un buen paseo por el museo accedemos al último patio, que es el patio en el que paseaba la familia del Sultán.

Este cuarto patio está en restauración en estos momentos, pero hemos podido ver el Pabellón de Bagdad, que se construyó para celebrar la conquista de la ciudad:

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Tras disfrutar de un breve paseo, decidimos volver que nos queda mucho Estambul por conocer.

Al salir, llegamos a la Cisterna de la Basílica. Esta cisterna es un gran tanque subterráneo de 140 x 70m que construyó el emperador Justiniano en el siglo VI. El techo de esta cisterna está sostenido gracias a más de 300 columnas, entre las que destacan dos, las cuales tienen en su base dos cabezas de la Diosa Medusa (se desconoce la finalidad de estas cabezas). Es una visita impresionante:

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Tras esta impresionante visita nos vamos a comer. Mientras comemos repasamos la guía y un escalofrío recorre mi espalda… ¿!¿!María, hemos visitado el Harén del Palacio?!?! No padre!!!!

En fin, terminamos de comer, nos vamos a cambiar de ropa al hotel para entrar en calor y partimos raudos al palacio de nuevo a ver si nos dejan pasar para verlo. En la puerta del palacio se apiadan de nosotros que tratábamos de pasar haciéndonos los tontos con las entradas que ya habíamos usado… Y nos dejan pasar. Estos “Estambulenses” son bien amables la verdad, porque bien podían haber pensado que tratábamos de colarnos, pero nos han dejado entrar.

Y vamos a visitar el Harén que también hay que sacar entrada. Con una suerte increíble puesto que nos dan las dos últimas entradas del día, que justo están cerrando.

Menos mal que lo hemos visitado. Es una maravilla conocer cómo vivían el Sultán y sus mujeres. Al principio vemos las estancias de los Eunucos Negros, que eran los sirvientes del Harén:

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Poco a poco vamos atravesando las estancias y patios:

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Hasta llegar al aposento del Sultán:

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Ahora si hemos visto por completo el palacio. Menos mal. Una vez terminada la visita, decidimos ir de compritas al Gran Bazar:

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Y aquí, tras millones de regateos (Ni Cristiano Ronaldo regatea con tanta maestría como mi María, oiga), nos vamos de vuelta al hotel al reposo del guerrero. No hemos podido hacer todas las compras que queremos, pero hemos comprado algunas cosas a un buen precio y en alguna otra hemos pecado de pardillos, supongo. Pero ha sido divertido.

Hasta mañana!

Hola a todos,

Acabamos de llegar a Estambul. Este año decidimos pedir en la carta a los Reyes Magos una escapada y enseguida nos decidimos por venir a conocer la antigua capital del Imperio Otomano, Estambul, antes conocida por Costantinopla y antes aún por Bizancio… Ya sabéis que nos gusta viajar más que un lápiz a un tonto, así que aprovechamos la mínima excusa para ponernos en ruta jajaja

Esta mañana llegamos al aeropuerto con nuestro free a ver si había plazas libres en el vuelo de hoy de Iberia, que ya sabéis que estos billetes van en lista de espera… Y ha habido suerte, porque, aunque con tres cuartos de hora de retraso, hemos podido volar sin más problema.

Tras casi cinco horas de vuelo (y una más de cambio horario) llegamos al aeropuerto de Ataturk. Como no facturamos, enseguida vamos en busca de la compañía que nos hace el transfer al hotel. Y dicho y hecho, enseguida nos plantamos en la puerta del Diva’s hotel, un hotelito bastante mono muy cerca de las mezquitas.

Es tarde y estamos cansados del viaje, pero como no tenemos muchos días, sin pensárnoslo ni una vez, nos bajamos a dar un paseo a inspeccionar la zona. Además, acaban de llamar al rezo desde los minaretes de las mezquitas, por cierto, es impresionante la primera vez que lo escuchas, así cualquiera se amodorra con este jaleo!

El tiempo es un poco malo. Está chispeando y hace bastante fresco. Pero empezamos a dar una vuelta por Sultanahmet y tras varias calles nos encontramos de bruces con el antiguo hipódromo (del que sólo queda una columna de su arco) y la Mezquita Azul. ¡Que maravilla! Es increíblemente grande. Al fondo podemos divisar la mezquita de Santa Sofía, así que damos un paseo disfrutando de la vista de ambas, por el parque que las separa.

Tras un rato disfrutando las vistas, tratamos de entrar en la Mezquita Azul, pero no podemos porque es el momento de la oración, pero bueno, nos paseamos por sus alrededores admirando su arquitectura.

Pero lo que me tiene impresionado es la mezquita de Santa Sofía. Impresiona pensar que esta mezquita anteriormente fue la mayor iglesia cristiana del mundo pues fue construída por el emperador Justiniano en el siglo VI. Guau! no tengo palabras.

Después del paseo vamos a cenar. Nos damos un paseo por las calles alrededor de la principal Divanyolu y enseguida nos empiezan a tentar los empleados de los restaurantes de la zona. Tras mirar unos cuantos, nos decidimos por uno, bastante curioso, que en su entrada es una tienda de alfombras y sólo tras subir en un ascensor se descubre que es restaurante. Y desde arriba se tienen unas vistas increíbles de la Mezquita Azul. Nos cenamos un Doner Kebab (María) y yo unas chuletas de cordero. Riquísimo todo.

Y nos vamos de vuelta al hotel a planificar la visita de mañana.

Y hoy acaba nuestra honeymoon, que penita, pero a la vez que alegría de poder ver a Blanca por fin, la hemos echado de menos increíblemente.

No pegamos nuestro último mega desayuno en la Villa Lanterna, igual de delicioso que ayer. Sobre las 9 y media subimos a terminar de empaquetar todo, que madre mía, llevamos una bolsa que cuando lleguemos a Madrid estoy seguro que con abrirla, la ropa se meterá sola en la lavadora…

Nos montamos en el coche, y hacemos la última foto a Dubrovnik, desde la carretera, esta en formato panorámico:

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Bueno, pues eso de ahí es el centro de la ciudad. Seguimos con rumbo al aeropuerto, llenamos el depósito y entregamos el coche, que hay que joderse, todo el viaje sin hacerle un roce al coche y choco el retrovisor con el de otro coche a 5 metros de devolverlo 😀 Pero no hay que lamentar ningún roto.

Y poco más, facturamos y tras un par de horitas de espera embarcamos y despegamos con 15 minutos de retraso, se acerca la hora del reencuentro! 🙂

Mientras volamos, recordamos momentos del viaje, y como siempre, pensamos en lo que más nos ha gustado del viaje. María no sabe pronunciarse, porque hemos visto cosas muy diferentes sin comparación.

Para mi, que me ha encantado Viena y su concierto, y me ha fascinado lo bien integrado que está el centro histórico de Split con su vida, creo que lo que más me ha gustado es el parque de los lagos de Plitvice. Supongo que siempre me gusta más cuando lo que me impresiona es la naturaleza… Pero bueno, ahi os queda mi humilde recomendación por si alguna vez pasáis cerca.

Después de entretenernos en rememorar el viaje, aterrizamos sin mayor novedad, sanos y salvos, y corriendo nos reencontramos con Blanca que ha venido con sus abuelos a recibirnos al aeropuerto. ¡Que grande esta!

Gracias por seguir este humilde blog durante estos días, me consta que hemos tenido seguidores y a todos los que habéis aguantado nuestras chapas… ¡Gracias y hasta el próximo viaje!

Comenzamos el día en nuestro nuevo apartamento con un desayuno continental de bastante consideración: tostadas de pan, jamon y queso, yogures, fruta, zumo de naranja…. Vamos, mejor que queremos 🙂

Subimos al coche y marchamos a visitar lo que nos quedó del casco antiguo de Dubrovnik, y hacer unas cuantas compras de souvenirs. [more] Llegamos sobre las 10 y media al centro, y pronto podemos comprobar que aun viniendo pronto, el calor no nos va a permitir ningun alarde… Tras dos amagos de ir por los tickets, desistimos temiendo un soponcio fulminante porque a estas horas ya vamos por los 30 y algo grados y un 90% de humedad…. Horrible ya la sudada a estas horas!

En fin, dedicamos el tiempo entonces a recorrer las tiendas de souvenirs, y me temo que con el mismo éxito de ver la muralla porque vemos que todos los souvenirs son horribles, y los que no, son prohibitivamente caros (no estamos por la labor de comprar botellas decoradas a mano por 40 euros)… Realmente se aprovechan mucho del turista y sobre todo de los que llegan en ferry puesto que estos tienen el tiempo justo y compran lo que sea… Así que lo siento, no hay souvenirs este viaje. 🙁

Así que nos volvemos a nuestro nidito, a la playita a tomar el sol y a nuestros dos restaurantes del pueblecito a comer y cenar. Y así hemos pasado el día estupendamente, mucho más fresquitos que en el casco antiguo y mucho más relajados.

En el restaurante al lado de la playa hemos podido disfrutar la que creemos que es la cocina más típica croata, ayer probé la hamburguesa y hoy repitió María, y yo hoy he probado un Cevapcici (las dos primeras c van con acento doble) que son como salchichitas de carne frita condimentada, deliciosas. En fin, cinco estrellas para el pueblecito de Zatón.

Hasta mañana!

Hoy hemos decidido tomarnos el día de descanso total, porque sólo quedan dos días para volver y hay que tomar energías para la vuelta a la rutina…

Así que dejamos nuestro querido Hotel Ariston y nos trasladamos a un apartahotel situado a unos 5 kilómetros de Dubrovnik, en el pueblito de Zolta. Y la vista desde nuestra terraza es algo así:

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Tomamos posesión de nuestro nuevo aposento (este por fin el último) y nos vamos a la playa! Comemos en el bar de la playa una hamburguesa de carne especiada deliciosa y una ración de calamares fritos, tambien buenísima.

De vuelta a la playa, ignoramos si es que han abierto el cole ya o que, pero llegadas las 5 de la tarde, empiezan a llegar niños hasta convertirse la mini cala en una maqueta del mismísimo Benidorm en agosto… Pero que locura, que chiquillerío!!!! A ver, que yo aquí he venido a descansar de niña!!! 😀

Aguantamos hasta las 6 y pico, y luego nos dedicamos a tomar unas cañitas y cenar… Por cierto, si os gusta el queso y venís por aqui, pedid queso Poj (tenía que haberme apuntado el nombre en croata, es imposible de recordar nada).

En cuanto al tiempo, parece que hoy nos ha dado un poco de respiro, ha hecho calor, pero hemos tenido una muy agradable brisa fresca que nos ha hecho llevarlo mejor…

Hasta mañana a todos nuestros lectores / sufridores!

Hoy toca día de relax total. El día ha sido de playita y relax total. Nos hemos ido a la playa de Copacabana (no la de Rio, jajaja), y ahi hemos estado pasando el día observando a los transtlánticos pasar al puerto:

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Así hemos estado tan ricamente, con una actividad tan mínima que hemos ido a comer al garito a 3 metros de la hamaca…

Por la tarde descanso en la habitación y ver el futbol, que vaya partidito nos han dado… :-S

Luego por la tarde noche, paseo y ver el anochecer:P1030424

Hasta mañana!

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