Aunque habíamos planeado levantarnos pronto para aprovechar el día, al final la pereza ha hecho que no nos levantemos casi hasta las 9, estábamos un poco cansados de toda la caminata de ayer. Tras desayunar uno de estos desayunos continentales tan ricos en el Anglaterre, nos montamos en el metro para llegar a nuestro destino: Potsdam, que nos han recomendado encarecidamente muchos amigos y familia.
De modo que montamos en el metro hasta Zoologischer Garten, donde tomamos un tren regional (RE1), que llega a Potsdam en unos 25 minutos aproximadamente. Nos bajamos en la estación Potsdam Park Sanssouci, que está cerca del Nuevo Palacio. Aquí podemos contemplar el Neue Palais, el último palacio construido en Potsdam, encargado por Federico el Grande a mediados del siglo XVIII.
Como nuestro objetivo es el Sanssouci Schloss, tras contemplarlo decidimos continuar, tomamos el Park Sanssouci paseando por el kilómetro largo que dura este parque-bosque, y contemplando los palacetes construidos alrededor del parque. Mención especial al palacete Chinesisches Haus o Casa China, un pequeño palacete construido en el siglo XVIII porque al parecer la cultura oriental estaba muy de moda por entonces. Se empleaba para diferentes recepciones.
Finalmente, tras una pequeña duda, llegamos al invernadero del palacio, un impresionante gradería de emparrados y una escalinata enorme que da acceso al Schloss Sanssouci.
Aunque la mala suerte es que tenemos que esperar más de una hora para poder visitarla, y como por la tarde tenemos previsto ver el museo del Pergamo en Berlín, decidimos simplemente contemplarlo por fuera.
Tomamos el autobús que nos acerca al centro de Potsdam, para comer un shawarma rápido (por cierto, muy rico el bocadillo, fue algo rápido que no ligero jejeje), y de nuevo al autobús para ir a la estación de tren. Inexplicablemente tomamos el autobús en dirección contraria y tenemos que bajarnos corriendo y coger el autobús en dirección contraria porque no llegamos a la hora al tren!
De vuelta a Berlín, llegamos a la estación de Fiedrichstrasse, donde nos bajamos para llegar caminando a la Museumsinsel o Isla de los Museos, donde podemos ver de cerca el Berliner Dom y visitar un mercadillo.
Pero la verdad es que hay demasiada gente, aquí y en el museo del Pérgamo, que hay una cola impresionante, y teniendo en cuenta que el museo cierra a las 6 de la tarde y son las 4 y media y hay mucha cola para entrar, decidimos dejarlo para mañana porque no nos iba a merecer la pena. Intentamos entonces entrar en el Berliner Dom, pero tampoco podemos entrar porque hay oficio religioso al ser domingo. ¡Que mala suerte de día, no hemos podido entrar en ningún sitio!
Así que nos damos un paseo (otro más uf!), de camino a Potsdamer Platz, a ver si logramos al menos hacer alguna comprita. Pero la verdad es que hay poca cosa donde elegir, eso sí, encontramos una tienda de artesanía en madera impresionante en la calle Friederichstrasse junto a la calle Unter den Linden.
Finalmente encontramos un pub donde tomarnos una cerveza y reposar un rato, y tras recordar cómo era aquello de estar en un bar donde la gente fume (que ajco!), nos vamos a Potsdamer Platz a comer en los chiringuitos de navidad que están montados aquí. Nos zampamos unos Steak (carne de cerdo medio cocida y a la brasa) con cebolla caramelizada deliciosos, y después una bratwurst. Para terminar con el festival calórico, nos trincamos unos crepes de Nutella, que casi salimos rodando de allí jajaja.
Y poco más, al hotel a descansar!