Fiumelatte 16 de julio

Se ve que necesitábamos dormir. Yo, que es raro que duerma nueve horas seguidas, las he dormido del tirón y me han sentado de maravilla. Las chicas creo que han dormido once, y porque ya veía que se nos iba la mañana en la cama. En fin, entre pitos y flautas, hasta las doce no hemos salido del apartamento.

Nos montamos en nuestro grácil corcel, un VW Golf último modelo con CarPlay y 87.263 sensores, y ponemos rumbo a Bellano para desayunar, dar una vueltecita y buscar un supermercado donde comprar algo para los desayunos y alguna cena.

Como nota curiosa, descubrimos que si salimos del apartamento hacia la derecha, hay una carretera que da a un paso bajo las vías tan estrecho que el coche no puede pasar. Y mira que lo intentamos, pero los sensores del coche detectaban que íbamos a darnos y rehusaron continuar jajaja como un caballo que no quiere saltar las vallas.

El desayuno —o más bien brunch— ha consistido en una focaccia, un sándwich tostado y un panini, acompañados de sus correspondientes cafeses. Todo, la verdad, estaba delicioso.

Bellanno

Después tocó saquear el supermercado, uno parecido al Lidl aunque más pequeño, que se llama Eurospin, y tiene todo lo que necesitamos. Como nos pilla de paso, volvemos al apartamento a dejar la compra y ya ponemos rumbo a Lenno, justo al otro lado del lago, porque Blanca tenía muchas ganas de visitar un sitio muy chulo que sale en Star Wars. Aunque ya habíamos visto por internet que no quedaban entradas, decidimos probar suerte allí por si acaso.

El viaje se hace largo porque la carretera atraviesa todos los pueblos del lago. En los últimos kilómetros llevábamos delante a Rayo McQueen en modo jubilado. Madre mía, qué manera de trazar las curvas… Hasta consiguió enfadar al camión que llevábamos detrás, que empezó a pitarle para que espabilara. 😂 Igual algún pitido también iba para nosotros por no adelantarle, pero es que no había manera: todo línea continua. E italianos no somos como para ir haciendo pirulas.

Lenno

En fin, Lenno es precioso y tiene unas vistas estupendas del lago. Pero, por desgracia, en Villa del Balbianello tampoco tenían entradas. Nos dijeron que intentáramos llegar a primera hora, cuando abren a las diez, porque suelen poner a la venta algunos tickets del día. Tenemos que investigar bien si algún ferry nos deja allí a tiempo, porque llegar en coche a esa hora… ni de perri.

De vuelta paramos en Tremezzo para visitar Villa Carlotta, un jardín botánico precioso. La ruta larga lleva aproximadamente una hora y media. Nos gustó mucho y, además, allí dentro se estaba bastante más fresco que fuera. Aun así, el calor y la humedad siguen siendo importantes. Hemos vuelto a sudar como si estuviéramos entrenando.

Villa Carlotta
Villa Carlotta

Seguimos la ruta y no sé qué tiene este coche, pero las tres veces que me he puesto al volante me ha entrado un sopor terrible. Así que decidimos hacer una parada técnica para tomar un helado en una terraza junto al lago. (¡Sorpresa! 😄).

Ya de regreso a Varenna, esta vez sin sueño ni fitipaldis delante, visitamos los jardines de Villa Monastero. Son realmente bonitos y tienen muchísimos rincones perfectos para hacer fotos, siempre con el lago de fondo, claro.

Villa Monastero

Después queríamos visitar también los jardines de Villa Cipressi, pero por desgracia llegamos tarde y ya habían cerrado. Nos dijeron que volviéramos mañana, pero no el sábado, porque tienen una boda y los jardines estarán cerrados al público.

En venganza, bajamos a la playa a tomar otro helado. Bueno… las chicas tomaron helado; yo me pedí un granizado de Aperol Spritz, que tampoco estaba nada mal. Disfrutamos de la puesta de sol, quizá algo más nublada de lo que nos hubiera gustado, pero el ambiente era muy agradable. Eso sí, había bastante gente y encontrar mesa en una terraza no era tarea fácil.

Un granizado con vistas al lago desde Varenna

Y ya de vuelta al apartamento. Ahora toca preparar algo de cena y descansar, que mañana nos espera otro día por el Lago Como.

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