Hoy nos levantamos antes. Tampoco madrugando, pero sí a una hora razonable. Esta noche ha caído una tormenta impresionante. A las dos de la mañana era un no parar de relámpagos y truenos; parecía que se caía el cielo. Por suerte, esta mañana el ambiente estaba mucho más fresquito.
Después de desayunar en el apartamento, cogemos el coche y nos acercamos a visitar los jardines del Hotel Villa Cipressi. A Blanca le encantan este tipo de sitios porque disfruta buscando los mejores rincones para hacerse las fotos más instagrameables. Uno de los puntos estrella es la famosa puerta del jardín, que, dicho sea de paso, tenía una buena cola de gente esperando exactamente para lo mismo. Tras una buena sesión de fotos y media hora recorriendo los jardines, damos por terminada la visita.

Esta vez dejamos nuestro fiel corcel aparcado en un parking y nos dirigimos al embarcadero para coger el ferry rumbo a Bellagio. Preguntamos al taquillero cuál era la mejor opción y nos recomienda un pase de día por 17 € por persona, así que perfecto. El ferry sale diez minutos después y nos montamos sin pensarlo.

Pero…
Lost in translation.
Tan convencidos estábamos de que habíamos comprado el ferry a Bellagio que no sospechamos absolutamente nada… hasta que atracamos en Menaggio y vimos el cartel del puerto. Cosas del directo. Como el plan también era visitar Menaggio, decidimos tomárnoslo con filosofía y aprovechar el error.

Nos damos un paseo muy agradable, todavía con la fresca de la mañana, por el Lungolago de Menaggio, un paseo junto al lago lleno de puestos de artesanía muy bonitos. No compramos nada, pero merece la pena entretenerse un rato mirando. Hay de todo: incluso un minigolf. Y una tienda de bañadores donde aprovecho para comprarme uno porque, por increíble que parezca, me había dejado el bañador en Madrid.
Después paramos en la Piazza Garibaldi. Las chicas se toman un helado y yo, cómo no, un Aperol Spritz. Ya empieza a convertirse en tradición. Mientras estamos en la terraza vemos pasar de todo: ciclistas, moteros, familias americanas… Muy ambiente de vacaciones.


Seguimos callejeando hasta llegar a la Basílica de San Stefano. Entramos un momento para admirar los frescos y porque coincidimos con un ensayo musical que hacía el ambiente todavía más especial.

Hacia la una volvemos al embarcadero. Tras unos quince minutos esperando bajo un sol de justicia, por fin cogemos el ferry hacia Bellagio… haciendo escala en Varenna. ¡Menudo lío llevamos hoy con los barcos!
Llegamos a Bellagio sobre las dos, así que lo primero es buscar un sitio para comer.
Entramos en un restaurante llamado La Dolce Vita, que tenía muy buena pinta, y acertamos de lleno. Olivia y yo pedimos unas pizzas espectaculares y Blanca unos espaguetis carbonara que, según ella, estaban buenísimos. Y, por supuesto, de postre un tiramisú que tampoco decepcionó.

Después de una pequeña sobremesa —y de pagar una cuenta un pelín más alta de lo esperado— comenzamos la visita.
Lo primero es recorrer la famosa Salita Serbelloni, probablemente la calle más conocida de Bellagio. Está llena de tiendas, restaurantes y rincones muy cuidados. Da gusto pasear por ella.

Después entramos unos minutos en la Basílica de San Giacomo, donde estaban ensayando música en directo. No sabemos muy bien qué preparaban, pero nos quedamos un rato escuchando porque el ambiente era muy agradable.

Para terminar, nos tomamos un café en la terraza del Hotel Florence, junto al lago, antes de caminar hasta Punta Spartivento, el lugar donde se unen los tres brazos del Lago Como.
Las vistas desde allí son realmente espectaculares. Incluso nos animamos a meternos un rato con los pies en el agua, algo que se agradece muchísimo con el calor que está haciendo esta tarde.

Sobre las cinco y media, ya bastante castigados por el sol, volvemos al embarcadero y cogemos el primer ferry de regreso a Varenna. Este ferry también transporta coches y la verdad es que resulta un medio de transporte comodísimo. Para ir de un lado al otro del lago apenas tarda veinte minutos, mientras que hacer el mismo recorrido por carretera puede llevar más de una hora.
Como todavía tenemos algo de tiempo, decidimos aprovechar nuestra última tarde para subir al Castello di Vezio, así que recogemos el coche del parking y subimos por una carreterita llena de curvas hasta el pequeño pueblo de Vezio. Dejamos el coche a la entrada y empezamos a buscar el castillo… aunque, para no perder la costumbre, nos perdemos porque no encontramos la entrada. 😅 Por suerte, tras volver unos metros sobre nuestros pasos, damos con el camino correcto.
La chica de la taquilla nos avisa de que cierran en media hora, pero tampoco pensábamos quedarnos mucho más. Con el calor que hace, a esas horas ya vamos bastante servidos.
El castillo en sí no es especialmente impresionante, pero merece muchísimo la pena subir a la torre. Las vistas desde arriba son espectaculares. Y todavía más bonitas son las que hay desde los jardines, donde Varenna aparece a nuestros pies con todo el lago de fondo. Una despedida perfecta del Lago Como.
Después solo queda volver al coche, poner el aire acondicionado a toda potencia y regresar al apartamento para darnos una ducha y descansar un poco del calor.

