¡Hoy empieza nuestra nueva aventura!

Nos pegamos un pequeño madrugón y, de paso, también se lo hacemos pegar a Vicky, que muy amablemente se ofreció a llevarnos al aeropuerto.

Destino… los Dolomitas.

El vuelo, con Ryanair, no nos deparó más sorpresas que los 50 pavos por exceso de peso del equipaje. Todo por cuatro kilitos de nada… En fin, qué se le va a hacer. Por lo demás, todo perfecto: salimos puntuales y el vuelo fue bien, con una toma de tierra al más puro estilo Ryanair. Ya sabéis: toma dura, toma segura, que parece ser la filosofía de la casa.

Recogemos la maleta y nos dirigimos a la empresa de alquiler. Había compañías con más cola que en la guerra, pero por suerte la nuestra fue bastante rápida. Y, además, nos llevamos premio: nos mejoraron el coche sin coste. En lugar del utilitario que habíamos reservado, nos dieron un Volkswagen Golf automático, prácticamente nuevo, que se conduce solo entre el cambio automático, el CarPlay y la colección de sensores que lleva.

Pero aún no he dicho dónde estamos. Milán Malpensa.

Por petición popular decidimos acercarnos al centro de Milán antes de ir al lago. Casi una hora de coche hasta el Duomo, donde dejamos el coche en un aparcamiento muy cercano y nos fuimos a buscar un sitio para comer.

Nuestra primera intención era probar Osteria La Fortunata, un restaurante que nos había recomendado Fabi, una amiga de Blanca. El problema es que cuando llegamos había una cola considerable y decidimos no esperar. Justo al lado encontramos otra osteria que tenía muy buena pinta y fue todo un acierto.

Pedimos una ensalada de tomate y mozzarella espectacular y tres platos de pasta: carbonara, boloñesa y alla Norma, con berenjena. Sinceramente, no sabría decir cuál de las tres estaba mejor.

Eso sí… pasamos un calor tremendo. La terraza era una ratonera donde no corría ni una pizca de aire. Ni ventilador, ni sombra, ni esperanza. Estábamos sudando como si estuviéramos haciendo series en pleno agosto.

Con el estómago lleno nos dirigimos por fin al Duomo. Justo cuando llegábamos, el cielo decidió darnos la bienvenida descargando un chaparrón monumental. Por suerte solo duró unos minutos, así que aprovechamos para refugiarnos en la Galería Vittorio Emanuele II, que estaba llena de turistas haciendo exactamente lo mismo que nosotros.

Galería Vitoria Emmanuelle II

Cuando dejó de llover pudimos disfrutar tranquilamente del Duomo. Es impresionante. Por muchas fotos que hayas visto, hasta que no estás delante no te haces una idea de lo enorme y detallado que es.

El Duomo
El Duomo

Después de unas cuantas fotos y de recrearnos un rato con la fachada, volvimos al garaje para recoger nuestro corcel y poner rumbo al Lago Como.

Antes de salir de Milán compramos el ticket del Área C, algo parecido a la ZBE de Madrid, solo que allí hay que activarlo por internet el mismo día. El problema es que la activación no hubo manera de hacerla funcionar, aunque lo intentamos varias veces. Esperemos que dentro de unos meses no llegue ninguna carta con una sorpresa italiana…

Salir de Milán fue, probablemente, la parte menos divertida del día. Una avenida interminable llena de semáforos donde tardamos casi una hora en avanzar. Hubo un momento, atrapados en un atasco en un semáforo que no nos dejaba salir a la autostrada, que se me cerraron los ojos y me quedé frito por unos segundos… menudo susto.

A partir de ahí, el viaje fue mucho más tranquilo y, poco a poco, empezamos a ver aparecer el Lago Como entre las montañas.

Llegamos finalmente a Fiumelatte y, cómo no, todavía nos esperaba un último pequeño susto. El código que nos habían enviado para abrir la caja de llaves era incorrecto. Tras unos minutos de incertidumbre conseguimos contactar con el propietario, nos dio el código correcto y, por fin, pudimos entrar al apartamento.

Descansamos un rato y salimos a buscar un supermercado para comprar algo de cena. Error de novatos: a las ocho de la tarde ya estaba todo cerrado.

Así que cambiamos de plan y nos fuimos a dar un paseo por Varenna buscando algún sitio donde cenar.

Y vaya acierto.

Varenna

El pueblo nos pareció precioso desde el primer momento. Callejuelas estrechas, casas de colores y ese ambiente tan tranquilo que tienen los pueblos junto al lago. Terminamos cenando unas pizzas muy ricas con vistas al agua.

Y hablando del lago…

Lago Como

Es impresionante. Rodeado completamente de montañas, transmite una sensación difícil de explicar. Después de tantos meses organizando este viaje, solo con verlo por primera vez ya sentimos que había merecido la pena venir.

Terminamos el día volviendo al apartamento para ver la segunda parte de la semifinal entre Argentina e Inglaterra, planear la jornada siguiente y meternos en la cama.

Ha sido un día muy largo. Pero también el primero de unas vacaciones que prometen mucho.

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