Nos levantamos bien prontito, hemos descansado lo justo pero hay que madrugar para llegar pronto a Buenos Aires, ya que el Mago tiene que abrir su bar, con lo que tenemos que llegar más o menos pronto.

Enseguida nos vamos a desayunar al recibidor del hotel, donde nos dan, para variar, unas facturas… Están riquísimas ummmmmm… En fin, que casi con el horario previsto, a las 9 y media partimos, nos quedan 700 kilómetros para llegar. En esta parte conduce Pedro, y parece la más sencilla, no hay apenas tráfico con lo que no hay que adelantar.

Hoy Vicky no viene con nosotros, va en el Corsa con Matías… Con lo entretenido que se hace el viaje con ella… Bueno, en el Corsa, conduce primero Matías, una buena tirada hasta que nos paran en uno de los controles de carretera que hay aquí y le piden la documentación (en todas las entradas o salidas de pueblo hay un control permanente de la policía)…. Uisss ¡que Mati tiene el carnet caducado!

No pasa nada, saca el pase de prensa que hizo Vicky, dice que es periodista argentino trabajando en Madrid y que el carnet no lo encuentra, que debe estar en otro coche. Así que le dicen que mande un fax con el carnet lo antes posible. Eso si, no puede continuar (de momento) así que en el Corsa toma el relevo Vicky.

Hasta ahora va la cosa muy bien, pero la cosa empeora cuando Cervi toma el volante del Toyota, porque empieza a haber muchos camiones que adelantar y bastante tráfico contrario… Vicky tiene un adelantamiento complicado, por los pelos, y Cervi tiene problemas para adelantar… Pero bueno, continuamos más despacio y ya está.

Luego Matias vuelve a conducir el Corsa y a mi me toca el Toyota, en la entrada a Buenos Aires, y la verdad es que menudo estrés. Entre los adelantamientos complicados (nos pusimos a adelantar un camión y al empezar a adelantar nos dimos cuenta que eran cuatro mega camiones pegados), la ausencia de autovías hasta la entrada de la ciudad, el estrés del callejeo posterior… Terminé cansadísimo.

Es gracioso como conducen aquí. Los límites de velocidad están de adorno, podrían ahorrarse la pintura de las rayas de los carriles porque nadie los hace caso, todo el mundo adelanta con línea continua… En fin, lo que quiero decir con esto es que hacer un viaje de 4000 km por estas rutas y llegar sin más contratiempo que una rueda pinchada no está nada mal, no?

Bueno a las 5 y media llegamos a casa del Mago y ahí nos quedamos, a pasar calor y descansar, porque madre mía la que cae en Buenos Aires hoy!!!

Nos levantamos con el firme propósito de irnos bien pronto, pero bueno, tenemos una buena pachorra… Primero tenemos que hacer tareas, comprar un forro para Matías, luego ir a por dinero, luego ir a comprar una rueda para nuestro Chevrolet Corsa (a las 11 y media ya estaban los deberes hechos)… Pero arrancar con tanta gente es dificultoso así que hast a la una no nos pusimos en ruta.

Aquí nos separamos de Barra que tiene que marcharse hacia Mendoza, tiene unos mil kilómetros el sólo, pobre, menos mal que hará noche de camino para descansar.

Esta es nuestra ruta prevista aproximada: Nuestra ruta hoy

Yo soy el primero en conducir, me pido la parte de curvas a la salida de Bariloche. Dos horitas hasta que llegamos a Punta del Aguila, donde paramos a hacer la comida habitual (bife de chorizo, y milanesas a gogo), comemos rapidito ya que sólo hemos hecho unos ciento y pico de kilómetros de los mil que queremos hacer hoy hasta Santa Rosa.

Lagos de caminoMás lagos

Aquí estoy agotado de la ruta y de los adelantamientos, así que toma el relevo Vicky hasta pasado Neuquén. Aquí repostamos, ya que vamos a cruzar la Pampa y en el desierto no hay estaciones de servicio en muchos kilómetros, y cuando ves una gasolinera hay que echar Nafta por si acaso.

Pasado Neuquén y sus mil semáforos para atravesarlo, Vicky deja los mandos de la nave a Pedro. En el otro coche sigue conduciendo Matias, se está haciendo todo el viaje el sólo.

Seguimos un buen rato, atravesando la Pampa observamos paisajes impresionantes, llanuras hasta donde alcanza la vista, ni un árbol alrededor, y rectas que se pierden en el horizonte. Arbustos y más arbustos. Y la verdad que poco más, si exceptuamos un embalse impresionante que hay a mitad de camino que parece un mar, pasamos sobre su presa que mide kilómetros.

Este embalse abastece de electricidad a media Argentina Cruzando La Pampa

Un poco más tarde paramos para hacer una foto a la puesta de sol, pero no encontramos un sitio adecuado y cuando vemos uno, se nos ha puesto el sol, pero da igual, podemos hacer fotos a las nubes que están increíbles.

Anochece en La Pampa  Que anochecer...

Venga chicos, una para la portada del disco

De nuevo cojo el volante. Quedan muchos kilómetros hasta Santa Rosa, así que decidimos parar en el pueblo anterior, General Acha, aunque aún quedan 200 para llegar… ufff si son las 9 y media… Madre madre madre madre… Menos mal que las carreteras son rectas interminables, pero con el cansancio acumulado, se hace pesadísimo conducir así. El caso es que por fin a las 12 y algo llegamos al pueblito, y paramos en el primer hotel en el que encontramos una habitación con seis camas, la pillamos y vamos a un resto-bar al lado a comer la comida habitual…

Y a dormir, somos siete, así que hay que repartirse, y como no apetecía dormir dos en una cama de 80 cm, María se ofrece, bueno, se empeña, en dormir en el suelo con el aislante inflable. Aunque no se duerme mal ahí, no conseguimos convencerla de que nos deje cambiarle el sitio… En fin, a dormir que es la 1 y media y a las 8 tenemos que levantarnos para llegar pronto a Buenos Aires.

Hoy empezamos nuestra ruta de vuelta. Nos ponemos el despertador prontito, que hay carretera por delante, unos 300 kilometros hasta llegar a nuestra primera parada, Bariloche.

Con nuestra parsimonia habitual, nos metemos en ruta un poco antes de las 10 de la mañana… Eso si, hay que tener en cuenta que por una vez salimos antes de la hora prevista, ¡todo un logro! En fin, desandamos nuestros pasos, con lo que tocan los 80 o 90 kilómetros de vuelta por la pista forestal del pinchazo, pero esta vez sin más incidencias. Esta vez sólo nos ha quedado admirar el paisaje del parque, una maravilla (a la ida no pudimos verlo entero, por que se nos hizo de noche).

Nuestra primera parada es en El Bolsón de nuevo, llegamos sobre las 2 a hacer una parada para comer. Allí llamamos a René, el dueño de las casas de Bariloche, a ver si nos puede alojar, y por suerte, tiene libre nuestro apartamento, bueno en realidad dice que tiene dos chicas, pero dice que las recoloca. Genial. Dormir en una camita uiiiiii…

Allí «desayunamos» unos sandwiches, etc… Vamos lo habitual, que nos estamos poniendo gochos a base de bien… Enseguida seguimos, rumbo a Bariloche a ver si llegamos pronto, y tras el camino de curvas, conseguimos llegar a eso de las 4 de la tarde. Uy la camita, vaya como me mira, voy a probarla… Ahí que me quedé hasta las 7 o así, hasta que vinieron a rescatarme, que mientras me eché la siesta todos se fueron a dar una vuelta. Por cierto, que llegaron todos muy contentitos, porque se liaron con un par de cervezuelas de tres cuartos de litro jajajaja…

Antes de la siesta nos despedimos de Quique, el primer integrante del grupo que se separa de la expedición. Tiene que volver antes a Buenos Aires por el curro, así que ha cogido un Bondi que tardará unas 20 horas en llegar.

No nos apetecía salir, así que enseñamos a Cervi a jugar al tute, luego Vicky se animó a jugar al mus, y así estuvimos un buen rato hasta que nos dimos una vueltita a buscar algo rápido para cenar en el apartamento.

Anochecer desde el apartamento en Bariloche

Y a la cama prontito que toca descansar y mañana será un día duro de ruta con el coche.

Nos levantamos a las 11, eso sí, hoy tenemos pensado hacer actividades. La actividad será hacer una rutita a pie para ver una parte del Parque Nacional, una isla donde se encuentra el Alerce más longevo de Argentina. Los Alerces son unos árboles primos de los cipreses, y moradores de esta zona (por esto se llama el parque así) además de los Arrallanes, árboles de corteza anaranjada.

Un Arrallán

Al levantarme me doy un paseo por la orilla del lago y contemplo un par de caballos disfrutando del forraje y del solecito matutino…

Los caballitos al sol  

A la una partimos, compramos algo de agua y tiramos por el borde del lago. Al principio parece el camino sencillo, pero enseguida se complica, hay que pasar por unas rocas al lado del lago, y aunque no es muy peligroso hay que andar con cuidado… Así que trepando, saltando y demás, tras una hora y algo de camino, llegamos a una pasarela, un puente colgante que da acceso a la isla donde se encuentra el árbol.

Desde el sendero, el lago verde El camino se complica

Ya llegamos, que no se note que posamos El puente colgante

Hay que decir que esta parte del parque la tienen super cuidada, el resto también pero esto lo tienen con mucho mimo, aquí no se puede ni fumar ni coger una flor (a Vicky la regañó una guardia forestal porque llevaba una en la oreja). En fin, proseguimos por el sendero que rodea la isla y tras un rato, llegamos al arbolito.

El alerce centenario300 años tiene

Nos quedamos un rato admirándolo, y las aguas azules del río Menéndez que llevan al lago del mismo nombre (aquí salió la típica broma que es el lago del Rodriguez Menéndez o de Menendez Pelayo)… ¡Cuánta imaginación!

El río Qué aguas, dan ganas de tirarse de cabeza

En fin, seguimos y llegamos a una playita donde al otro lado del lago se pueden admirar, a lo alto de la montaña, el glaciar de Tordesillas, con lo que nos hacemos una fotito y continuamos, que la tarde amenaza lluvia de nuevo, y el recuerdo del día del lago Puelo nos acompaña…

 Lago Menéndez y glaciar Tordesillas de fondo

Tras rodear toda la isla, llegamos de nuevo al puente. Buscamos nueva ruta, para no ir por las piedras de cuando vinimos, Matías nos logró un coche que nos acercó a María y a mi al camping enseguida, y el resto vinieron por la «carretera» andando o corriendo…

Ya estamos en el campamento base de nuevo, y el resto de la tarde lo pasamos entre darnos una duchita y descansar un rato, irnos a cenar unas pizzas vegetales, y echar cuentas de cuanto hay que pagar en el camping para ver si nos llega con el dinero de todos (esto de no tener bancos cerca)…

Afortunadamente tenemos para pagar sin problemas, el cámping de tres días nos ha costado la friolera de 770 pesos, unos 170 euros entre todos, osea 19 euros por persona los tres dias, osea 6 euros por persona y día… Increíble no?

Nos levantamos sobre las doce o así, anoche entre pitos y flautas, nos acostamos bastante tarde. Parece que el día va a ser de perreo total, estamos cansados de la ruta y el día acompaña para disfrutar del lago y no hacer más actividades…

 Increíble lago verde El Lago Verde

Nuestras actividades se limitaron a:

  • Irnos al lago a darnos un paseo a mojarnos los pies…

Remojón de pies

  • Buscar un sitio para enfriar las cervezas…

Enfriando las birras

  • Comprar en la tienda del camping unos fideos, pollo y demás para la comida, y algo para desayunar…
  • Comer…
  • Echar la siesta…
  • Jugar una partida a los dados…

Esa timba

  • Ver el anochecer sobre el lago…

Anocheciendo

Y vamos viendo cómo el día transcurre poco a poco, y observando cómo Pedro aprovecha cada esquinilla para irse echando sus siestas.

¡Que vivan las vacaciones y el ganduleo!

Como hay poco que contar del día de hoy, aprovecho para poner la primera edición de nuestro diccionario argentino-español:

  • Alargavistas = prismáticos
  • Dale = vale
  • Guita = dinero
  • Pucho = cigarro
  • Anteojos = gafas
  • Nafta = gasolina
  • Bondi = autobús
  • Remis = Taxi

Nos levantamos prontito, María, Vicky y yo, y vamos a dar un paseo a ver el lago y tomar un café en la cafetería del camping, aunque hasta las 10 no abre, así que hacemos tiempo al fresco del lago… Y tanto, hace bastante fresqui, esperemos que salga el sol.

Amanecer en Lago Puelo

Nos tomamos un café que nos templa el cuerpo, y al rato volvemos al campamento, y vemos que aún nadie se ha levantado… Supongo que los chicos se acostaron tarde… Bueno, como ha empezado a hacer sol, empezamos a tender todo para que se seque bien, y de paso que las tiendas se sequen…

A la 1 más o menos se levanta el último de los integrantes de la excursión. Nos cuentan que acabaron a las 7 de la mañana, parece que la noche fue de copillas y tal, asi que alguno acabó más tocado que otro… Sobre todo Cervi que cuando se acostó trataba de meterse en el saco de dormir de Matías, darle abrazos… Jejejeje menudas risas cuando se levanta y le contó Mati el suceso, no se acuerda de nada… jajajaja

Bueno, que a las 2 o así volvemos a El Bolsón a comer y aprovisionarnos. Comemos en un sitio estupendo, siguiendo con nuestra dieta rica en bife de chorizo y demás despieces de la vaca… ¡Madre mía lo bien que se come en este país!

Al salir del restaurante, los amigos de Mati van a hacer sus gestiones… Parece que se hace un poco tarde, las seis, las siete… Y aún queda mucho camino… Así que decidimos tomar la delantera, y Cervi, Quique y Vicky en un coche, y Pedro, María y yo en otro, nos subimos en los coches y tiramos hacia el Parque Nacional de los Alerces.

Matías se queda atrás, y nos da indicaciones de cómo llegar al parque y al Lago Verde, nuestro destino final. Tiramos sin más incidencia, ufff… para llegar al lago hay que tomar un camino lleno de piedras, que parece una pista forestal, y deben ser casi 80 kilometros de distancia… Bueno, sabemos que tenemos que llegar a Cholila (según Pedro, es donde se escondieron Sundance Kid y Butch Cassidi).

De camino admiramos los impresionantes paisajes que nos ofrecen los Andes…

La Ruta Increibles paisajes

Pero antes de llegar al lugar, vemos que el coche que conduce Vicky se queda atrás… Paramos a esperarles, parece que no llegan, tras un rato, vamos a por ellos, y vemos que están vaciando el maletero… Jeje han pinchado… Parece que llevaban un rato oliendo a goma quemada, y Vicky dejó conducir a Cervi y a los 50 metros se dieron cuenta de que estaban pinchados… Y tanto, la rueda delantera derecha está destrozada… En fin, cambiamos la rueda y seguimos que aún queda.

Uy

Llegamos a Cholila y compramos víveres, y al poco, encontramos a Mati y sus amigos, y proseguimos ruta. Son las 9, queda hora y media de camino… uffff…. Se nos hará de noche…

El Super Mapa

En fin, seguimos, siempre admirando los paisajes increíbles de la zona.

Anochecer en Los Andes Increíble valle

Llegamos a la entrada del Parque Nacional, y en el puesto de entrada, nos dicen los amigos de Matías que mejor no hablemos que a los argentinos les cobran menos al entrar… Así que tratamos de evitarlo, menos cuando necesitan pedir las llaves del baño, y cuando se las dan, Vicky contesta un ¡GRASIAS! con un estupendo acento… mejicano… Algo así como Ansar con el «Estamos trabajandou en ellou»…

Por fin, sobre las 11 llegamos al camping, un camping de lujo… Encontramos un par de parcelas bien situadas, cerca de los baños y al lado del lago verde, aunque ahora no se ve nada, estoy ansioso por que amanezca y ver los paisajes…

Plantamos las tiendas y mientras, Matías se asa el capón que compramos en Cholila. ¡Vivan los asados argentinos!

Eso sí, que frío hace aquí… Nos hemos quedado tiesos… Pero bueno, el sitio bien merece la pena el camino y el fresco.

Nos levantamos con una asombrosa parsimonia. Ummm parece que esto va a ser así todo el viaje, aunque aprovechamos para descansar bien, sobre todo los chicos que llevan a sus espaldas dos mil kilómetros de viaje. Salimos a dar un paseo por Bariloche y de paso aprovechar para comprar algo para desayunar, unas facturas, leche… Genial para comenzar el día.

Tras volver al apartamento y desayunar, nos ponemos en marcha tras esperar al Cervi que en el último momento decidió irse de compritas… En fin, nos montamos en los tres coches y partimos rumbo a El Bolsón, un pequeño pueblecito a 150 kilómetros de distancia de Bariloche, chiquitito, tranquilo, y una vez allí pudimos comprobar como hay montado un mercadillo ideal para dejarse unos pesos en regalitos. Al parecer, este lugar es el centro de un movimiento hippie de hace años, en el que se concentraron en esta zona con la creencia de que en caso de guerra nuclear, este sería el único lugar que no sería afectado, además, al parecer, también fue un movimiento contra la construcción de un reactor nuclear.

En El Bolsón, tomando el sol y los Andes al fondo

Comemos algo rápido y tras un rato, marchamos hacia el Lago Puelo, sólo Vicky, Mati, Pedro, Cervi, Maria y yo. El resto se quedó en Bariloche haciendo día allí. Al poco, llegamos al lago y a nuestra siguiente estancia, el camping del lago. Tenemos dos opciones, el camping agreste y el organizado, el organizado mucho mejor por sólo dos pesos más por persona. Así que ahí nos quedamos. Damos un paseo buscando una parcela con buena pinta y ahí acampamos.

Tras un rato… uhuh… Parece que empieza a llover, bah, serán unas gotas de lluvia de verano… Pero parece que no… Así que a toda prisa nos ponemos a montar las tiendas de campaña, y a correr a refugiarnos bajo un árbol. Menos mal que cogimos el chubasquero porque parece que la lluvia se prolonga… Y tanto, porque la cosa va para largo, tanto que nos llueve toda la noche. Eso sí, gracias a la Cruz de Sal del Mago, tenemos un rato de descanso de lluvia, suficiente para que Matías prepare un arroz con verduras genial en su puchero, y para cenar. Porque nada más cenar otra vez a llover… Así que por mi parte me meto en la tienda y a dormir para estar al resguardo.

Como sopas

El resto de los chicos se queda de copillas hasta altas horas… Con lo bien que se está sin estar mojado dentro de la carpa…

Nos levantamos prontito, no sin dificultad porque la cama nos ha atrapado… Tras un rato de lucha nos levantamos a desayunar, que para mi gusto, estaba regulín. Y de vuelta a la habitación a hacer la bolsa.

Como convinimos a las 10 y cuarto está esperándonos el autobús de la empresa Tiempo Libre para llevarnos de vuelta al aeropuerto internacional de Pin y Pon, estooo de El Calafate. Facturamos, pagamos las tasas, y tras una larga cola pasamos a embarque. Aquí pasamos el susto del día, cuando tras un rato sale una señora de la puerta de embarque vociferando nuestros nombres… ¡Si no hemos oído llamar a nuestro vuelo!

Casi nos quedamos en tierra, que susto, sobre todo Maris que al oir su combre, cogío el bolso y echó a correr sin mirar atrás, mientras yo recogía:

  • El portátil
  • La mochila
  • La bolsa con los forros

Y echo a correr detrás, mientras oigo una voz que me dice ¡CORRE MULA FRANCIS! Lo mejor es cuando dentro del avión Maris me pregunta ¿Has cogido todo? ¿Nos hemos dejado algo?…

En fin… Que el vuelo ha sido rápido y sin más percances hemos llegado a San Carlos de Bariloche. Tomamos un remis al Centro Cívico (plaza donde está el ayuntamiento, la policía, el centro de información turística) para esperar al resto del grupo. Nada más bajar me meto un bife de chorizo de campeonato porque la comida del avión ha sido un poco pufff… Y a esperar…

Centro Civico Lago Nihuel Huapi

Cuando rondan las 6 de la tarde, recibimos una llamada de Vicky diciendo que les quedan unas dos horas de viaje, con lo que comenzamos a buscar un sitio para dormir…

En la plaza, si te ven con macutos, se te acerca gente ofreciendo apartamentos. Una chica nos ofrece un par de apartamentos para los nueve integrantes del viaje, por 350 pesos. Además preguntamos en la oficina de información turística, donde nos informan de albergues baratitos…

Esperando al resto de la expedición

El resto de la tarde lo pasamos al solecito de la ciudad, esperando y oteando por si aparecieran los coches… Y haciendo tiempo, sentados en un banco del Centro Cívico, y admirando el impresionante lago Nihuel Huapi. Pero los chicos no aparecen y el sol se oculta, con lo que el frío nos empuja a irnos a tomar una cervecita a un local cercano. A los pocos minutos nos llaman (casi a las nueve, aquí en las carreteras se tarda más de lo que parece) y nos reencontramos con Vicky y Matías… El resto del grupo viene más atrás, porque van parando de vez en cuando a hacer fotos del camino.

Vamos a buscar a la chica del apartamento, pero supongo que o por la hora o porque había colocado ya los apartamentos, no la vemos así que vamos a mirar al bloque en el que nos dijo que había apartamentos en alquiler. De camino nos aborda un chaval de aspecto poco recomendable (para hacer cosas legales) pero que nos consigue alojamiento. Un apartamento genial con 12 camas en literas, en dos plantas, de maderita… Todo un triunfo…

Planta de arriba del apartamento

Genial, una vez alojados, nos vamos a cenar al centro a un lugar que conoce Matías de otros viajes. Cenamos increíble, bifes de chorizo, lomos, yo por mi parte una especie de guiso de ciervo muy rico, aunque Vicky que pide lo mismo que yo, no opina igual. Cuando estamos a medio plato, llega el resto de la expedición, Pedro, Cervi, Mago, Quique y Barra (los tres amigos de Mati que se apuntan a la excursión).

Y poco más, a la camita que mañana nos ponemos en ruta y nos acercamos al Parque Nacional de los Alerces.

¡¡¡Dios Mío!!! ¡¡Las 2:30 horas de la mañana y nosotros en pie!! ¡¡Ahhhh!! ¿Estarán puestas las calles? ¿Habrá taxis?

Nos levantamos de un bote para no quedarnos dormidos, tomamos café y nos vamos al aeropuerto tras llamar a un taxi. Nos dirigimos al Aeroparque (el segundo aeropuerto de la ciudad, entre la ciudad y el Rio de la Plata). Cual es nuestra sorpresa, cuando llegamos y no hay nadie en los mostradores de Aerolíneas Argentinas, y vemos en la pantalla que nuestro vuelo sale… 1 hora más tarde… ¡Oh no! Pues nada, a esperar… Desayunamos, nos paseamos…

Al despegar, pudimos admirar toda la ciudad, como Matías nos prometió… Increíble, debe ser tres veces Madrid por lo menos… Nada más despegar, a dormir, por supuesto.Claro que hubiéramos dormido mucho mejor sin llevar detrás a dos cotorras provenientes de Soria (¿las cotorras son migratorias?) que no callaron en todo el vuelo, y a un volumen considerable. Nuestra paciencia con ellas, en algunos momentos, brilla por su ausencia.

Aterrizamos en El Calafate, tras admirar la inmensidad del Lago Argentino, de color azul turquesa… Increíble! Nos bajamos en un miniaeropuerto y con una ventolera… ¡¡¡Hace fresquete aquí!!! ¡¡¡Qué bien, me voy a poner mi cazadora nueva!!!

Según lo programado, un guía nos está esperando con un cartelito con nuestro nombre. ¡¡Qué chollo nos ha encontrado mi jefe!! Transfer In / Out + Hotel + Excursión al Perito Moreno con GUIA PRIVADO y CHOFER = ¡¡¡GRATIS!!! En fin, nos llevan al hotel situado a las afueras del pueblo, muy cuco y la habitación muy chula. Subimos la maleta y sin poder ni respirar, ya nos están llamando porque está el guía.

Nuestro hotel gratis

Nos llevan en un coche, y nuestra guía (Juliana), nos va contando la historia de El Calafate, el crecimiento que ha sufrido por la masiva llegada de turistas… Una charla muy interesante, la verdad.

Cuando estamos a 7 kilómetros del glaciar, Juliana nos propone hacer una parada para admirarlo desde la lejanía. Madre mía, cómo debe ser de grande, que estamos tan lejos y ¡parece que estamos encima! Hacemos fotos y proseguimos…

EL glaciar desde lejos

Enseguida estamos allí. Quedamos con la guía a las 3 en el aparcamiento, con lo que tenemos dos horas completas para admirarlo con detenimiento desde los miradores. ¡¡Que guay, no podía imaginarme algo tan descomunal!! Según la guía, tiene la misma superficie que toda la ciudad de Buenos Aires… ¡Madre mía! De vez en cuando se oye un ¡CROCK! que es el ruido del hielo al desprenderse de la pared del glaciar y caer.

Despues de malcomer (si vais, lleváos un picnic, que en la cafeteria se come fatal), volvemos al glaciar, con la suerte de poder contemplar en directo cómo cae toda una pared (para que os hagáis una idea, el glaciar tiene 70 metros desde el agua hasta lo alto). Justo en el último momento, porque nos pilló yéndonos a buscar a la guía. Es impresionante el estruendo… Otra cosa que mola muchísimo es el color del hielo, azulado en muchos sitios.

Pared Norte del Glaciar Hielos que caen

Impresionante

Por lo que nos cuentan, están esperando un derrumbe del glaciar. Cada dos o tres años, el glaciar crece hasta interrumpir el flujo de agua entre dos brazos del lago Argentino. Uno de los dos brazos empieza a subir el nivel de sus aguas, hasta que la presión del agua de este brazo es tan descomunal que consigue romper el hielo causando un espectáculo inolvidable… Lástima que no hemos tenido la suerte de contemplarlo, porque debe ser una maravilla poder ver el fenómeno, pero nos ahcemos una pequeña idea con el derrumbe que hemos podido contemplar.

En fin, anonadados por el espectáculo, nos reunimos con la guía, que nos lleva a tomar un ferry que nos permitirá contemplar la pared Sur del glaciar desde los pies mismos del glaciar… Y desde abajo impresiona ¡¡¡Aún más!!!

Pared sur Vaya mole de hielo

En fin, aún alucinando, bajamos del barco y volvemos a montar en el coche que nos devolverá al hotel. Una mezcla de agotamiento y alucine, hace que nos durmamos la hora de camino de vuelta… Una vez en el hotel, paramos un rato para descansar y luego nos vamos a dar una vuelta por el pueblo. Damos una vueltita y a cenar aunque no apetece (aquí anochecce muy tarde, sobre las 11 de la noche, son las 9 y parecen las 6). Entramos en un italiano donde desgustamos una pasta y una milanesa con jamón queso y huevo frito, todo delicioso. El sitio en cuestión está en la calle principal y se llama «La Cocina».

Y poco más, a casa a descansar…

Qué pereza, madre mía! Esta clima te deja valdaíto… Nos levantamos a eso de las 10 pero con una parsimonia propia del clima húmedo y caribeño, por lo que tardamos, ni más ni menos, 2 horitas en ponernos en marcha. Pero una vez en la calle, la cosa cambia… ¡¡¡Actividad!!! Cogemos un econo-taxi que nos deja en la plaza Julio Cortazar, el corazón de Palermo Soho, una zona llena de tiendas de ropa moderna, más de diseño que en otras zonas, por lo que se ha convertido en la zona de moda. Paseamos por la calle Jorge Luis Borges hacia abajo, dirección Palermo Viejo. Un paseo la mar de agradable.

Llegamos a la Plaza de Italia, centro neurálgico de Palermo y vemos el parque zoológico (por fuera) el monumento a los españoles y bajamos el paseo hasta los Bosques de Palermo. ¡¡¡Que maravilla!!! Es un parque gigantesco con un par de lagos artificiales, barquitos, patines acuáticos, y millones de personas paseando, patinando, comiendo… Qué vidilla tiene este sitio, y la suerte de que está nublado, claro.

Monumento a los españoles

Tras patearnos medio parque, paramos a coger fuerzas con unos choricitos criollos (choripanes) propios de la tierra. ¡¡¡Buenisimos!!! Yo me lo pido con salsa criolla (mezcla de cebolla y tomate) y Juanjo con chimi-churri. Una delicia.

Lago de los Bosques de Palermo

Cogemos un taxi a otra zona, La Recoleta. Vamos a la Plaza Alvear, llena de puestecillos de artesanía. Entramos al famoso Cementerio de la Recoleta, y justo hay una visita guiada gratuita, así que allá que vamos. Y menudo acierto, porque es un lugar precioso (a pesar de ser un cementerio), donde hay unas tumbas espectaculares, auténticas obras de arte de mármol o granito, esculpidas, etc… En realidad no son tumbas, son todo panteones familiares y bóvedas, muchas con vidrieras increíbles… Nos cuenta la guía varias historias como la de Rufina, una chica enterrada cataléptica, vemos la tumba de Eva Perón cuyo cadáver estuvo viajando por el mundo durante años, y otras muchas historias más. Una visita imperdible.

Una calle del cementerio Tumba de uno de los presidentes de Argentina

A la salida, pudimos ver la iglesia de La Recoleta, justo al lado del cementario. Preciosa.

La Iglesia de la Recoleta

Seguimos la Avenida Alvear, un lujamen de calle llena de tiendas de Armani, edificios de viviendas de lujo, palacetes, super limpio todo.

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Desde allí desembocamos en la Avenida 9 de Julio y subimos (en taxi, por supuesto) hasta el obelisco.Allí vamos a la calle Lavalle, la zona comercial parecido a la Calle Preciados en Madrid… y paseamos hasta la Plaza de Mayo para ver la catedral (nos parece un poco fea, no parece una catedral la verdad). Aunque no pudimos entrar porque coincidió que estaban oficiando misa.

Catedral de Buenos Aires

Cogemos otro taxi de nuevo a Palermo Soho a tomarnos una caña. Menudo ambientazo tiene esta zona. Y como nos espera un buen madrugón, nos vamos a casita a preparar las cosas. Compramos una pizza y a dormir.

PD: Siempre suelo decir que alli donde vamos, Juanjo se mimetiza con la gente del lugar. En Rusia creían que era ruso, en New York, con americano, etc. Pero esto no ocurre en paises latinoamericanos. En estos no piensan que es español. Prueba de ello es que en República Dominicana le hablaban siempre en inglés. La anécdota a la que voy es que iban dos niñas vendiendo rosas detrás de él, imitando hablar en inglés diciendo billeteishon, compreishon… Y que divertidas que iban.

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